sábado, 30 de mayo de 2015

capitulo 22






Estaba segura de que la risa en el Loop se podía escuchar todo el camino hasta la casa de Benson. Algunas personas vitorearon la solución innovadora del Maestro de Carreras, mientras que otros se quejaban de sus apuestas. Pero todo el mundo parecía estar de acuerdo en que una carrera de dos adolescentes torpes en máquinas de alto rendimiento sería muy graciosa.

―¡Amigo! ¡Eso no sucederá! ―Roman miró a su novia, una chica pequeñita mexicana con más peso en el pecho que en el resto de su cuerpo. Conociendo a Roman, podrían haber estado saliendo durante dos meses o dos minutos. ¿Quién sabía?

―Zack, no tengo una novia. Nunca tengo una novia ―declaró Peter el punto en blanco al Maestro de Carreras, haciendo hincapié en la palabra “nunca”.

―¿Qué pasa con la pequeña cosa bonita con la que llegaste? ―preguntó Zack.

La mirada de Peter volteó a Cande, cuyos ojos parecía que se iban a salir de las orbitas.
Tragando saliva, Cande gritó:

―Él es solo para recuperarme. ―La multitud dejó escapar un sonoro “ohhhh”, a lo que Cande sonrió ante su propia tenacidad. Peter arqueó las cejas a Zack en una especie de mirada de “¿ves?”.

―Nadie conduce mi auto ―le aclaró Jared a Zack.

―Aquí estoy de acuerdo con la princesa. ―Roman hizo un gesto con la cabeza a Jared―. Esto es una estupidez.

Zack se encogió de hombros.

―La gente ya te ha visto en dos carreras. Ellos quieren ser entretenidos. Si tienen algún interés en el ajuste del resultado para que la gente les pague, entonces van a hacerlo a mi manera. Están en la línea de salida en cinco minutos o se van. ―Empezó a alejarse, pero se detuvo y se volvió―. Oh, y tú puedes montar de copiloto si te gusta... ya sabes, para darle apoyo moral. ―No pudo conseguir las últimas palabras sin carcajearse. Probablemente esperaba que las pobres niñas terminaran en lágrimas antes de terminar la carrera.

Zack se alejó, y los susurros se rompieron alrededor de la multitud. Roman se alejó, mientras que Peter se acercó a nosotros.

―Esto es una mierda. ―Se pasó los dedos por el cabello.

―Oye, hombre. Podría conducir por ti ―intervino Agustin―. Sólo tendríamos que decirles acerca de nuestra relación secreta. ―Puso los brazos sobre mis hombros y los de Benjamin en broma, pero le resté importancia.

Peter no le hizo caso. Las ruedas de su cerebro giraban mientras paseaba frente a nosotros. Probablemente estaba tratando de pensar en una manera de salir de esto, pero cuando se detuvo y dejó escapar un suspiro de derrota, sabía que estaba acorralado.

Miré a Roman, quien llevaba a su novia a su auto, al parecer dándole instrucciones de la caja de cambios manual.

Oh, hombre. Me mordía las mejillas tratando de no reírme.

―Peter, no puedo correr por ti ―se reía Cande ―. Tiene que haber alguien más.

Miró hacia el cielo y sacudió la cabeza. A pesar de que no quería ver su auto deteriorado, encontré la situación divertida. Se lo merecía.

―Sólo hay una persona en la que me fio ligeramente de conducir mi auto. ―Levantó una ceja y se volvió entrecerrando los ojos sobre mí.

Todo el aire salió de mi cuerpo.

―¿Yo?

―¿Ella? ―estalló Agustin, y Benjamin y Cande le hicieron eco.

Peter cruzó los brazos sobre el pecho y se me acercó como un policía en una sala de interrogatorios.

―Sí, tú.

―¿Yo? ―Miré hacia él como si estuviera loco. Si pensaba que le haría algún favor, estaba loco.

―Te estoy mirando a ti, ¿no? ―El tono maleducado y la mirada condescendiente de Peter me dieron ganas de decir “sí” y luego estrellar el maldito auto con la esperanza de que rompiera a llorar.

Lo quité y miré a mi cita.

―Benjamin, ¿podemos empezar temprano la hoguera? Me aburro aquí. ―Dándome la vuelta, ignorando la mirada atónita de Benjamin, me dirigí hacia el borde de la multitud.

Una mano me enganchó del pliegue del codo y suavemente me paró. Miré hacia arriba para ver a Peter esforzándose por mantener mi mirada.

―¿Puedo hablar contigo? ―Su voz era baja, y su comportamiento apacible. Había pasado tanto tiempo, que me había olvidado de lo humano que podía ser. Sin embargo, tampoco lo suficiente para olvidarme de lo terrible que había sido.

―No ―escupí la misma respuesta plana que él me había dado hace semanas cuando le había preguntado si podía bajar la música.

Tomó aliento.

―Sabes lo difícil que es para mí. ―Él miró hacia otro lado y luego de vuelta otra vez―. Te necesito ―suspiró, sonando derrotado.

Aspiré una bocanada de aire con esas palabras. ¿Él me necesitaba? Por la forma en que respiraba por la nariz y no hacia contacto visual, supe que le incomodaba decir esas palabras. Una parte de mí quería ayudarlo, pero otra parte de mí sólo quería alejarse. ¿Dónde estaba cuando lo había necesitado en el pasado?

Me odié a mí misma, por un momento, había considerado perdonarle todo después de pronunciar esas tres sencillas palabras. Demasiado poco, demasiado tarde.

―¿Y mañana cuando no me necesites? ¿Voy a ser una mierda bajo tu bota de nuevo? ―Mi respuesta fue más enojada de lo que había planeado. Me molestaba con qué facilidad me encontraba derrumbándome ante él.

―Lo hará ―gritó Cande sobre el hombro de Peter. No me había dado cuenta de que estaba de pie cerca de nosotros, pero cuando miré hacia arriba me di cuenta de que Benjamin y Agustin  escuchaban nuestra conversación, también. Mi corazón se aceleró de nuevo.

―Cande ―la regañé―. No hables por mí. ¡Y no lo voy a hacer! ―Dirijo esto último a Peter.

―Quieres ―replicó ella.

Y tenía razón.

Quería conducir su auto demasiado. Quería mostrarle a toda esta gente de lo que estaba hecha.
Quería mostrarle a Peter que valía algo.

Y ese pensamiento me dio ganas de marcharme. No tenía que demostrarle nada a él. Sabía mi valor y no necesitaba de su aprobación.

―Tal vez ―admití―. Pero tengo orgullo. Él no tendrá nada de mí.

―Gracias ―cortó Peter a Cande antes de que tuviera la oportunidad de responder.

―¿Por qué? ―le respondí.

―Porque me recuerda lo muy decepcionante perra egoísta que eres. ―Peter apretaba sus dientes mientras se ponía frente a mi cara. El calor subió a mi cabeza cuando empecé a sentir que las palabras ya no eran suficientes.

Mis brazos se pusieron tensos, mis dedos se encresparon en puños. Estaba fantaseando con tener a Peter esposado mientras golpeaba la mierda de él.

Antes de que pudiera responderle con una remontada sarcástica, Agustin espetó:

―Es suficiente. Ambos. ―Él se interpuso entre nosotros, pasando su mirada de Peter a mí―. En este momento no me importa una mierda la historia entre ustedes dos, pero necesitamos sus culos de asnos en ese auto. La gente va a perder un montón de dinero.

Se arremangó la camisa, como si nos fuera a meter personalmente en el auto.

―¿Peter? Tú vas a perder un montón de dinero. ¿Y Lali? ¿Crees que todo el mundo te trataba mal antes? Dos terceras partes de la gente que está aquí apuesta esta noche por Peter. Cuando se enteren de que su primera opción lo rechazó, el resto de tu año escolar será el infierno sin que Peter o yo tengamos que mover un dedo. ¡Ahora, ustedes dos, suban al maldito auto!

Todo el mundo estaba allí sorprendido. Agustin nunca tuvo sentido, pero consiguió que me sintiera inmadura e infantil. Mucha gente confiaba en la victoria de Peter, y por mucho que odiara admitir que Agustin tenía razón, su punto era válido.

―Tiene que pedírmelo bien. ―Crucé los brazos, manteniendo la expresión impasible.

―¿Qué? ―soltó Peter.

―Él tiene que decir “por favor” ―repetí para Cande, Agustin y Benjamin, no estando dispuesta a hacer frente a Peter después de que me había insultado.

Los otros se quedaron mirando a Peter y a mí como esperando a ver qué bomba estallaría primero. Peter sacudió la cabeza con una sonrisa amarga en su cara y finalmente respiró hondo antes de responder.

―Mariana. ―Su voz era tranquila, pero la amargura subyacente estaba allí―. ¿Quieres venir conmigo, por favor?

Lo miré por un momento, apreciando esa rara muestra de humildad, aunque se viera obligado, antes de extender la mano.

―¿Llaves?

Peter las dejó caer en mis manos.

Mientras me mordía la comisura de los labios para reprimir una sonrisa, me subí a la pista con Peter siguiéndome detrás. Vi a Roman saltando fuera de su auto, después de dejarlo en su lugar detrás de la línea de partida para su novia. Corrí hasta el auto de Peter, y los grupos de personas alrededor de la pista estallaron en susurros y silbidos al ver mi cabeza en el lado del conductor.

Peter subió al asiento del acompañante, y cerré mi puerta mientras me hundía en el fresco cuero. El auto era impresionante y era casi completamente negro en el interior, de inmediato sentí escalofríos en mis brazos. El auto de Peter cantaba su poder, con su sensación parecida a una cueva: fresca, oscura y animal.

Maldición.

Al girar la llave, me apoyé en posición cuando parte del público se fue a un segundo plano. La vibración a través de mis muslos hizo que mi centro cosquilleara, y de inmediato miré a Peter, que me observaba.

Su codo apoyado junto a la ventana, la cabeza en su mano y mirándome con una mezcla de curiosidad y diversión. Me pregunté qué pensaba de mí detrás de la rueda.

―Estás sonriendo ―señaló él, casi como una acusación.

Acaricié el volante sin mirarlo a los ojos.

―No arruines esto para mí hablando, por favor.

Peter se aclaró la garganta y continuó de todos modos.

―Tu padre nos enseñó a ambos conducir con marchas y el Bronco es de cambio manual, así que estoy asumiendo que no tienes preguntas sobre esa parte, ¿verdad?

―Ninguna. ―Mi pulso latía a través de mis dedos.

―Bueno. Los giros son muy ajustados. Más estrechos de lo que parecen. La idea es llegar primero, o quedarse a la zaga. No trates de girar a la izquierda con el auto de Roman, ¿entendido?

Asentí. Mis ojos miraban al frente, lista para ponerme en marcha ya que mi pie ansiosamente dio un toque.

―En cada izquierda, deja salir el gas antes de girar, y luego acelera después de haber enderezado. Si sientes que es necesario aplicar el freno en la vuelta, hazlo, pero lo menos posible. No aceleres hasta que hayas redondeado la vuelta. Podrías girar hacia fuera.

Asentí otra vez.

―Golpea el gas entre turnos. En la última etapa, golpéalo con fuerza. ―Su voz estaba al mando.

―Peter, lo tengo. ― Miré hacia él―. Puedo hacer esto.

No parecía como si me creyera, pero lo dejó estar de todos modos.

―Cinturón de seguridad.

Tras su orden, miré a mi izquierda y vi a Roman ladrando órdenes a su novia mientras ella asentía con nerviosismo. Zack caminó entre los dos autos para tomar su puesto en la delantera. Afortunadamente, parecía que no iba a enviar en su lugar a la pequeña Lolita cachonda de antes.

Al mirar a través del parabrisas, manteniendo mis ojos en Zack, me di cuenta de lo que Peter había colgado en el espejo retrovisor. Extendí la mano y agarré la pieza en forma de óvalo de arcilla que estaba asegurada por una cinta de color verde claro. El calor se deslizó a través de mi cuello y se me cerró la garganta.

Era el collar del Día de la Madre que había hecho para mi madre después de que había muerto.

Un año, Peter y yo habíamos hecho nuestras huellas fósiles para dar a nuestras madres. Usando arcilla de secado al aire, hicimos una huella digital y colgamos la pequeña pieza ovalada de una cinta, haciendo un collar. Él le dio la suya a su mama, y yo había puesto la mía en la tumba de mi madre. La próxima vez que fui a visitarla, el collar había desaparecido. Pensé que se había perdido o el clima la había desgastado.

Resultaba que había sido robada. Miré a Peter, en parte desconcertada y en parte enojada.

―Amuleto de la buena suerte ―me ofreció, sin mirarme a los ojos―. Lo tomé un par de días después de que lo dejaste allí. Pensé que iba a ser robado o arruinado. Lo tengo conmigo desde entonces.

Tratando de calmarme, me asomé a la ventana y traté de igualar mi respiración. Supongo que estaba contenta de que todavía existiera. Pero era para mi madre, y no tenía derecho a tenerla.

¿Pero aún la guardaba? Incluso después de todo. ¿Por qué?

Hice una nota mental para recuperarlo después de la carrera.

―¿Están preparados? ―La voz de Zack me sorprendió cuando gritó a la multitud. Gritaron a través de su emoción empapada de cerveza.

Peter sintonizó el iPod a los altavoces para My Valentine de Waking the Demon. Agarré el volante, utilizando la música para aclarar mi cabeza y la zona.

―¿Listos? ―gritó Zack y aceleré el motor, viendo a la muchacha de Roman saltar al acelerar su motor inmediatamente después.

―¿Lista? ―Peter puso una mano en el tablero mientras que con la otra subía el tono de la música.

―¡Fuera! ―Zack dejó caer los brazos.

Presionando de golpe el gas, derrapé sobre el camino de tierra y me fui. Como la música llenaba el momento, mis manos empujaron contra el volante, de modo que mi espalda excavaba en el asiento. Con mis brazos llenos de tensión, me centré en la carretera.

¡Mierda! El auto tenía mucho poder.

―La primera vuelta se acerca rápidamente ―advirtió Peter. No sé si el otro auto estaba a mi lado o detrás de mí. Todo lo que sabía era que no estaba frente a mí, y no me importaba nada más. Me gustaría correr este auto sin ningún oponente.

Mis muslos, estaban empapados de sudor, chirriaron a través del asiento cuando levanté la pierna para empujar el embrague. Ligeramente apliqué los frenos preparándome para el redondeo de la esquina. 

Cuando dejé ir el freno e hice la primera vuelta, la parte trasera comenzó a deslizarse. Rápidamente me orienté hacia la derecha mientras que el auto se deslizaba hacia la izquierda para evitar el arrastre hacia fuera. El polvo nubló la pista, y el corazón me latía con fuerza. Bajé el embrague y cambié de nuevo a la tercera marcha. Cuando aminoré mi velocidad, volví a cambiar de inmediato a la cuarta, mientras me fijaba en el otro auto por el espejo retrovisor.

―¡Pisa el acelerador! ―gritó Peter―. Y no des la vuelta muy duro. Estás perdiendo tiempo corrigiéndolo después.

Lo que sea.

―¿Quién está en primer lugar? ―le recordé.

―No te pongas presumida. ―Peter alternó entre examinar la carretera y mirar detrás de nosotros al Trans Am.

El sudor goteaba de mi frente y mis dedos estaban agotados de apretar el volante con tanta fuerza. Relajándome, me concentré en la música y dándonos un puntapié con la sexta marcha, sin pasar por la quinta por completo.

¡Esto es impresionante! La forma más fácil de impulsar el auto acelerando hacia adelante se sentía como un transbordador espacial. O al menos eso supuse.

―En la próxima vuelta es necesario reducir la velocidad.

Yap, yap, yap.

―Mariana, es necesario reducir la velocidad. ―La voz de Peter se hizo eco en algún lugar del fondo de mi mente.

La vuelta estaba a tres segundos de distancia, y las vibraciones que se deslizaban a través de mis piernas me impedían frenar. Agarrando fuertemente el volante, cargué hacia delante.

Sacando mi pie del acelerador, pero no frenando, hice un giro brusco a la izquierda, y luego patiné hacia la derecha y de nuevo forcé a la rueda a la izquierda hasta que me enderecé. Más polvo voló a nuestro alrededor, pero me recupere rápidamente y aceleré de nuevo. Mirando atrás, vi que el Trans Am había hecho un trombo alrededor de la vuelta, y ahora estaba tratando de recuperarse. Estaban a más de treinta metros detrás de nosotros.

¡Sí!

―No vuelvas a hacer eso ―se quejó Peter, ahora sosteniendo el tablero con las dos manos mientras yo miraba por el camino lista para más. La siguiente vuelta llegó y la pasé con éxito sin importar cuánto se quejaba Peter sobre el frenado.

Para un imbécil y rompedor de reglas, realmente le gustaba jugar sobre seguro. Y para alguien que siempre ha jugado sobre seguro, resulté ser la rompedora de reglas.

A medida que avanzábamos en la última vuelta ganando significativamente, reduje la velocidad a unos treinta kilómetros por hora y cambié a tercera. Giré alrededor de la curva a una velocidad cómoda sin derrapar ni producir polvo, miré a Peter con los ojos abiertos con una expresión inocente.

―¿Esto está bien, Srta. Daisy? ―Mordiéndome la comisura de los labios para no reírme, me fijé que sus ojos destellaban sobre mis labios. El calor subió con su mirada, y un hormigueo floreció a través del estómago y subió hacia el área sensible de entre mis piernas.

―¿Mariana? ―Sus ojos se estrecharon hasta convertirse en rendijas―. Deja de jugar con tu oponente y gana ya la maldita carrera.

―Sí señora, señorita Daisy ―repliqué con mi mejor acento sureño.

Crucé sobre la línea de llegada a sesenta y cuatro kilómetros por hora mientras que veía en mi espejo retrovisor que el resto que corría el Trans-Am estaban alrededor de la última vuelta. Agrupaciones de personas invadieron el auto, pero Peter y yo nos quedamos en el interior por unos momentos.

Puse el auto en punto muerto y levanté el freno de mano, apoyé la cabeza contra el reposacabezas y masajeé el volante. Mi pulso todavía iba a mil por hora, y me sentía viva. Esto fue lo más emocionante que jamás había hecho. Cada nervio de mi cuerpo se sentía como si estuviera en un nivel alto de azúcar.

―Gracias, Peter ―dije en voz baja, sin mirarlo―. Gracias por invitarme a hacer esto.

Estiré la mano y agarré el collar de mi madre sobre el espejo y lo puse sobre mi cabeza.
Cuando lo miré, estaba apoyado contra su puño con un dedo entre sus labios. ¿Qué estaba tratando de esconder? ¿Una sonrisa?

Rastrilló la mano por el cabello, abrió la puerta, y los sonidos de aplausos y gritos se precipitaron como el agua en un barco que se hunde. Mirando hacia abajo a sus botas, movió la cabeza.

―Despertando al demonio... ―murmuró para sí mismo, y no estaba segura de lo que quería decir.

Antes de salir, él me miró de nuevo a través de los párpados entornados.

―Gracias, Lali ―susurró.

El pelo de mi cuello se erizó, y mis manos temblaron.


Él no me había llamado “Lali” desde los catorce. No desde que no éramos amigos.

maratón de 3 capítulos un comentario por cap mínimo y subo

jueves, 28 de mayo de 2015

capitulo 21









Benjamin y yo nos movimos hacia la multitud para que Peter pudiera posicionar su auto. Cande se acercó a nosotros pero, por alguna razón, no podía mirarla.

Cuando Peter se subió y encendió el motor, las chicas alrededor empezaron a saltar y chillar, Papa Roach retumbaba a un nivel ensordecedor de sus altavoces. Aceleró el motor varias veces para mantener animada a la multitud con una sonrisa juguetona en los labios.

El Boss 302 se detuvo en la pista, y noté que me sentía casi como si estuviera dejándome atrás. Peter y yo habíamos soñado con estar aquí, juntos en la carrera, y ahora lo veía cumplir el sueño desde afuera. Lo estaba viviendo sin mí, y odiaba ser dejada de lado.

Roman ya había puesto en marcha su Pontiac Trans Am. A pesar de que su auto de 2002 se consideraba antiguo en comparación con el de Peter, tenía de hecho mucha oportunidad de ganar. La cantidad de trabajo y cosas que Roman había añadido a su vehículo lo hacía una máquina formidable.

 Desafortunadamente, Derek Roman no se basaba simplemente en sus habilidades como mecánico para ganar. Había habido muchos heridos por aquí cuando corría en la escuela secundaria.

―¡Muy bien! ―anunció el Maestro de Carreras―. Despejen la pista para el evento principal de la noche.
Según Cande, el Loop sólo tenía unas cuantas carreras por semana durante el año escolar hasta que los universitarios regresaban a la universidad, así que esta era una noche de sólo dos carreras.

La música de Peter llenaba el aire y lo vi tomar algo en su mano para colgarlo en el espejo retrovisor. No pude ver bien de qué se trataba, sólo que era abultado y parecía un collar.

La misma chica que marcó la salida de Agustin y Vico se paró delante de los automóviles, sacudiendo su culo mientras caminaba delante de sus faros.

El olor a combustible y neumáticos impregnaba el aire, mientras que el rugido de los motores vibraba por mis piernas. Peter miraba fijo al frente con expresión de piedra, esperando la señal.

―¿Preparados? ―preguntó la Pequeña-Señorita-Mírame.

―¿En sus marcas? ―Los motores rugieron.

―¡Fuera! ―Sus brazos cayeron con fuerza a los lados, y los autos se dispararon a sus lados, levantando polvo y rocas a su paso. Me lancé a la pista con la avalancha de gente para ver desde atrás, sintiendo más miedo que emoción en ese momento.

Por mucho que odiara admitirlo, estaba preocupada. Roman era capaz de hacer algo sombrío para herir a Peter; incluso después de todo, no quería verlo sufrir.

Las luces traseras de los autos se hicieron más pequeñas cuanto más cerca estaban de llegar a la primera curva. Eran cuatro en total, y la carrera habría terminado. Las curvas eran cerradas, y aquí es donde dónde cualquier pista sería mejor que el Loop. Las calles eran pequeñas, estos autos eran grandes, y las curvas un infierno. Es por eso que no había coches estacionados.

Peter tomó la ruta del caballero reduciendo la velocidad al acercarse a la curva, dejando que Roman tomara la delantera. Roman tenía que ganar o los mataría a los dos. Ambos autos se deslizaron por la curva, levantando una densa nube de polvo en el aire para deleite de los espectadores que gritaban sin cesar.

 Acelerando, Peter alcanzó a Roman y quedaron cabeza a cabeza.

Vamos, vamos. Junté las palmas de las manos contra el pecho, con los dedos entrelazados tan fuerte que mi piel estaba estirada. Me fui girando a medida que la carrera avanzaba, viendo cómo Peter se retiraba en cada curva con paciencia, dejando que Roman tomara las curvas primero.

Mi corazón latía con fuerza, y mi estómago se sentía tenso por el nerviosismo.

Casi en la última curva, Peter retrocedió detrás de Roman de nuevo, pero no redujo la velocidad. Cuando Roman tomó la curva, patinó más hacia el borde permitiendo que Peter tomara el interior. Ambos autos se recuperaron y siguieron codo a codo mientras se acercaban a la línea de meta.

La multitud se abrió camino en una loca carrera, y vi como los dos motores tronaban al pasar. Los autos estuvieron tan cerca que no pude distinguir quién ganó. Cuando los dos autos desaceleraron hasta detenerse, todos corrieron en un lío de empujones y gritos. Nadie parecía saber quién había ganado.

Giré mi cuello alrededor, buscando al Maestro de Carreras. Parecía estar deliberando con un par de otras personas, probablemente tratando de llegar a una decisión.

―Entonces, ¿viste quién ganó? ―preguntó Cande, viéndose confundida mientras íbamos hacia los autos.

―No, ¿y tú?

Negó.

―¡Allí están! ―Benjamin se acercó a mi lado y tomó mi mano―. Supongo que no están seguros quién ganó. Qué impresionante carrera, ¿eh?

Solté una carcajada.

―Pregúntale a mis uñas.

―Vamos. Vamos a ver a Peter. ―Cande me agarró la muñeca y los tres caminamos hasta la pista.
Al acercarnos a los autos, me di cuenta de que los conductores estaban enfrentándose entre los vehículos. 

Sus bocas estaban apretadas, y estaban demasiado cerca. Parecían estar a punto de convertir el evento en una pelea.

Cuando caminamos más cerca, escuché lo que decían.

―¡Estabas metiéndote en mi carril! ―dijo Roman entre sus dientes―. O tal vez simplemente no sabes cómo manejar tu auto. ―Tenía el cabello negro echado hacia atrás, y sus jeans y camiseta blanca le daba el aspecto de un perdedor de los cincuenta.

―No hay carriles en la pista ―se rió Peter―. Y no vamos a hablar de quién no sabe manejar.
Roman señaló con el dedo cerca de la cara de Peter mientras hablaba.

―Te diré algo, princesa. ¡Cuando regreses de que te hayan crecido tus bolas y corras sin ruedas de entrenamiento, entonces serás lo suficientemente hombre para correr!

―¿Lo suficiente hombre? ―Peter frunció el ceño como si eso fuera la cosa más ridícula que jamás hubiera escuchado. Mirando hacia la multitud, Peter extendió las manos a los lados, las palmas hacia arriba―. Lo suficientemente hombre ―dijo con sarcasmo.

La morena de la fiesta de Peter, Martina, se acercó y se pegó a él como una serpiente. Acarició su mejilla con una mano y le agarró el culo con la otra. Hundiendo la lengua en su boca, le dio un beso lento y profundo, poniendo todo su cuerpo en ello.

La maldita multitud no podía gritar más alto.

El calor salió disparado de mi nariz, orejas y ojos antes de desviar la mirada.

¡Él me había besado de esa manera hacían sólo dos días!

Que se joda.

Miré por encima de Cande, cuyas cejas se elevaron con sorpresa.

―¿Estás bien? ―le pregunté. ¿Realmente importaba? Probablemente no, pero al menos se llevaba mi dolor en el pecho.

―Malditamente fantástica ―espetó―. Vico acaba de ver eso. Impresionante.

Casi me eché a reír, al darme cuenta de que por lo único que estaba molesta era la reacción de Vico. Si Vico no creía que Peter fuera en serio acerca de Cande, entonces no se sentiría amenazado. A ella le importa un comino Peter, eso era seguro. Y eso me hacía sentir un poco mejor de estar besándolo a sus espaldas.

―¡De acuerdo! ―dijo el Maestro de Carreras abriéndose paso entre la gente―. Fuera del camino, fuera del camino.

Sus ojos recorrieron la multitud, esperando a que se calmara. Martina se despegó a sí misma de Peter y regresó a sus amigos.

―Escuchen. Tenemos buenas y malas noticias. La mala noticia es que lo llamaremos un empate. ―Gemidos y palabrotas sonaron alrededor de la multitud. Habían apuestas acordadas, y la gente se molestaba―. Pero, la buena noticia es… ―continuó―: tenemos una manera de definir al ganador.

Su sonrisa era de susto. Solté la mano de Benjamin para acercarme, quedando en medio de la multitud.

―¿La revancha? ―preguntó Peter.

―Más o menos. ―El Maestro de Carreras se veía un poco demasiado divertido―. Si quieren resolver esto, entonces sus autos competirán de nuevo, pero... no los pilotearán ustedes.

Murmullos se escucharon alrededor de la multitud, y mis ojos se dirigieron a Peter para ver su expresión de asombro.

―¿Disculpa? ―cuestionó Roman acercándose.

―Sabemos que son pilotos excepcionales. La carrera ha sido lo suficientemente cerrada para probarlo. Lo que haremos, es ver quién tiene el mejor equipo.

―Entonces, ¿quién va a conducir los autos? ―casi chilló Peter, su rostro palideciendo.

Los ojos del Maestro de Carreras brillaron.



―Sus chicas.

miércoles, 27 de mayo de 2015

capitulo 20








Fui corriendo de una clase a otra al día siguiente. Tenía el corazón en la garganta ―sabiendo que en cualquier momento podría encontrarme con Peter―, así que mantuve mis ojos al frente.

Literalmente.

Durante la clase de francés fue casi imposible dejar de pensar en la noche anterior. Sus manos, sus labios, su…

Nop. No iba a ir ahí.

Me había gustado. Mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir. Pero, ¿por qué me beso, sino para probar que podía hacerlo? ¡¿Y por qué diablos le dejé?!

Había decidido tratarlo como un borracho movimiento por su parte, y una crisis emocional por la mía.

Mientras me dirigía a almorzar, metí a toda prisa mi mierda en mi casillero y giré rápidamente la esquina en dirección a la cafetería, tratando de evitar que mis ojos vagasen.

―Oomph. ―El aire salió de mis pulmones y tropecé hacia el suelo.

¿Qué de...?

Me estremecí con dolor en el culo por la caída al suelo de baldosas frías, e intenté alejarme de lo que había perturbado mí equilibrio. Algo me había sacado de mis pies.

Mirando hacia arriba, tomé aire y sentí una calidez revoloteando en mi estómago al ver a Peter cernirse sobre mí.

Mierda. Debía de haberme chocado justo con él. Y ahí estaba yo, tratando de evitarlo como a la peste. Esto en cuanto a los mejores planes.

No podía creer lo que solo su presencia me hizo. Lo miré boquiabierta estúpidamente, incapaz de apartar los ojos de lo asombrosamente que su camiseta colgaba bajo su estrecha cintura o lo sexy que su rico y oscuro cabello estaba peinado hoy.

Al verme completamente en mi culo, debería haberme dado una sonrisa de suficiencia o haber fruncido el ceño. Me sonrojé de vergüenza, sabiendo lo estúpida que debía parecer.

Pero no obtuve nada de él. Nada malo, de todas formas.

Se acercó a mí y lo miré con los ojos muy abiertos, preguntándome qué demonios estaba haciendo.
¿Estaba... ayudándome a levantarme?

Levantó su suave mano, de largos dedos, con la palma hacía arriba, para mí, y mis dedos se encresparon con el gesto.

Wow. Tal vez ese beso no fue algo malo. Tal vez se sería él mismo de nuevo.

Y luego me arqueó una ceja, como si le molestase tener que esperarme.

Fruncí el ceño ante su misma vieja actitud altanera.

Oh, no. ¡No me hagas favores, amigo!

Empujándome a mí misma más o menos fuera del suelo, me sacudí el polvo del pantalón y pasé junto a él, girando en la esquina.

Mientras mi cuerpo definitivamente reaccionó positivamente a él, mi cerebro practicaba una política de tolerancia cero... a partir de ahora.

                                                                                       * * *

Benjamin y yo quedamos el viernes por la noche después del partido. Quise mantener nuestra cita, a pesar de que había pasado la mayor parte de los últimos dos días intentando no pensar en otra persona. No había nada entre Peter y yo, y no había razón para cancelar una cita con un todavía-no-novio sólo porque besé a otro hombre, aunque me sintiese un poco culpable por ello.

Benjamin era fácil. Y yo necesitaba lo fácil. Me lo merecía. Sólo tenía que mantener mi cuerpo bajo control.

Jodidas hormonas.

―Así que quería preguntarte algo. ―Benjamin  parecía entretenido, pero tímido mientras terminamos nuestra pizza.

―Vamos a ver. ―Puse mi dedo índice en los labios―. Sí, hago todos mis trucos, y no, no suelo comer tanto ―bromeé, y tomé un sorbo de mi Coca-Cola.

―No, no exactamente. ―Él agitó su dedo hacia mí y le sacó su tarjeta de crédito a la camarera cuando pasó por allí.

―Estoy escuchando.

―Hablaste de este chico del que tu personaje era amigo en el monólogo. Eran cercanos, y luego él se volvió en su contra. ¿Dijiste que conducía un Mustang?

Asentí, preguntándome a dónde iba con esto.

―Peter Lanzani conduce un Boss 302. Un Mustang Boss 302 ―señaló.

El sudor estalló en mi frente, pero asentí otra vez. Sabía a lo que quería llegar, pero no hallaría ninguna respuesta si era eso lo que estaba esperando. Ya era bastante malo que hubiese besado a Peter, a espaldas de Cande, pero Peter y yo sólo habíamos tenido un beso. Y eso es todo lo que habría. No iba a explicarle a Benjamin algo que ni siquiera yo entendía.

―¿Y? ―Él puso sus codos sobre la mesa y se cruzó de brazos, inclinándose.

―¿Y cuál es la pregunta? ―Tenía la esperanza de que ser evasiva saliera bien, y él volvería a su línea de preguntas.

Mirando hacia un lado y luego de nuevo a mí, se rió entre dientes.

―Noté como te dio toda su atención durante el monologo. ¿Tú y Peter Lanzani fueron amigos? ―Sus grandes ojos verdes estaban interesados.

―¿Qué quieres decir? ―Jugar duro para conseguirlo estaba resultando ser fácil. Podría hacer esto toda la noche.

Parecía como si él estuviera tratando de contener una sonrisa, pero apretó más.

―¿El monologo iba sobre él?

Incliné mi cabeza hacia él.

―Pensaba que se suponía que los monólogos trataban sobre un libro o una película.

―¿De qué libro o película viene el tuyo? ―me espetó.

Mientras el juego continuaba tenía el estómago temblando con la risa contenida. Esto se estaba poniendo divertido.

―Todo estará en mi ensayo ―le susurré cuando la camarera trajo la tarjeta de Benjamin y el recibo―. Pero... Peter no es nada para mí, para que lo sepas.

Sus labios se curvaron hacia arriba en las esquina, con suerte satisfecho con lo que le di. Tomó mi mano, me llevó fuera del restaurante y hasta su coche. Por desgracia, él conducía, por lo que me abrió la puerta para que me deslizase dentro.

―Nunca has estado en el Loop, ¿verdad?

―No. ―Até mi cinturón y empujé mi falda a rayas negra hasta los muslos como pude. Las tres hebillas finas sobre el muslo derecho brillaron a la luz de la farola tras la ventana.

-―Bueno, vas a amarlo. Y van a amarte. ―Su mirada se deslizó a mi pecho antes de que desviase rápidamente la mirada. De repente me hubiera gustado haber llevado una camiseta en su lugar. Mi top blanco era, por suerte, un poco menos revelador debajo de mi corta chaqueta militar gris, pero aun así me sentí expuesta. La necesidad de taparme me molestaba. Quería estar guapa para Benjamin esta noche, ¿no?
O tal vez no era en Benjamin en quien estaba pensando cuando me vestí.

―¿Me van a amar? ¿Por qué es eso? ―pregunté.

―Porque te ves dulce. ―Sacudió la cabeza y encendió el motor.

Las palabras de Cande volvieron para atormentarme. Bueno, yo, por mi parte, ¡estoy muy emocionado de ver la expresión de su cara cuando te vea!

Mis manos se cerraron en puños, y me mordí el labio inferior para reprimir una sonrisa.

Sí, me mordí el labio inferior. Mierda.

                                                                               * * *

El Loop se encontraba en la granja del señor Benson, fuera de los límites de la ciudad. Su hijo, Dirk, que se graduó hace dos décadas, comenzó una carrera por semana alrededor de la laguna que había en las instalaciones. Con el tiempo, Dirk tomó el control de la granja y aún permitía las carreras que tenían lugar en la propiedad, a pesar de que él rara vez asistía. Mientras que reciba la comisión cobrada por pasar a través de la puerta, todo el mundo puede hacer sus apuestas y divertirse sin ningún tipo de intrusión.

Viajamos por un sucio, largo camino de tierra que conducía a la finca. Normalmente, la granja estaría completamente a oscuras a esta hora de la noche, pero con el tráfico que venía por el camino, estaba iluminada como un crucero en sábado.

―Voy a estacionar aquí. No te importa caminar un poco, ¿verdad? ―preguntó Benjamin. Coches se alineaban a los lados de la carretera, y ya que estábamos cerca de la hora de la carrera, el estacionamiento era escaso.

―Aquí está bien. ―Mis dedos se estremecieron con la anticipación en el aire. Salté fuera de su Escalada, inmediatamente agradecida por los Chucks que llevaba. No era muy elegante, con la falda, pero no era una chica de tacones. El camino de tierra tenía baches y charcos, junto con pequeños guijarros.

―Aquí, toma mi mano. ―Benjamin salió por la parte delantera, yendo a mi encuentro. Él me hizo parar e hizo un gesto hacia el coche―. ¿Quieres dejar tu bolso en el maletero?

―No, podría necesitar mí teléfono. Estoy bien. ―Puse mi dedo pulgar detrás de la correa de mi bolso, que tenía dos de mis tres líneas de vida―. Vamos ―gorjeé, y comencé a caminar a paso ligero.

Delante de nosotros, la pista se dividía a izquierda y derecha. Justo enfrente estaba el estanque. El olor del escape ya llenaba mi nariz, y no pude evitar el rebote en mi paso. Mis ojos hambrientos barrían la escena, y vi los faros de los coches estacionados a lo largo de los bordes, mirando hacia el interior, iluminando la pista.

Afortunadamente para la familia de Dirk, el estanque no era visible a la vista del ojo desde la casa principal. La mayoría de las veces, la gente iba y venía sin ninguna perturbación a la familia.

Dado que la mayoría del actual cuerpo de policía se graduó en la misma época que Dirk, el Loop era visto como un tesoro local más que como una molestia. Ya que las carreras eran tan ilegales como permitir a la gente usar su propiedad para ello, cualquier persona lesionada no podía tirar a los Benson debajo del autobús sin tirarse a sí mismos también. Todo era muy cómodo y ordenado.

Mientras nos dirigíamos hacia el Loop, Benjamin me guio a la derecha, en dirección a lo que parecía ser la línea de salida. Había dos coches ya estacionados uno al lado del otro, y personas aplastadas por la escena como moléculas muy juntas. Uno de los coches era el de Agustin, un 2006 GTO y el otro era una moderno modelo de Camaro.

Vico.

―¡Lali!

Me di la vuelta para reconocer el grito y vi a Cande marchando hacia mí. Ella cayó sobre mí intentando darme un abrazo, y yo me tambaleé intentando mantener el equilibrio.

―¡Whoa! ―exclamé―. No ha pasado tanto tiempo desde que nos vimos la una a la otra, ¿verdad? ―Riéndose de su evidente amor inducido por la cerveza, nos enderecé a ambas.

Habíamos hecho las paces, pero ahora me sentía incómoda por haberme besuqueado con Peter, y su relación todavía me molestaba. Aspiré a mantener mi promesa de sólo preocuparme por mis asuntos, pero había una distancia entre nosotras que no estaba allí antes, y no estaba segura de cómo volver a lo que solíamos tener.

Tal vez la miraba de manera diferente, o tal vez nuestra conversación no era tan fácil, pero sabía que algo había cambiado.

Benjamin levantó el dedo y gesticuló "un minuto" con la boca antes de acercarse a hablar con un chico de nuestra clase.

―¿Ese es el Camaro de Vico? ―Agité mi cabeza hacia la línea de salida donde se encontraba la máquina roja tenaz. La simetría de su vehículo cabría en cualquier multitud o en cualquier carretera. Era un asunto difícil no respetar a un Camaro. Y los neumáticos eran tan grandes que parecían iban a ayudar a que el coche flotara esa noche.

―Sí ―dijo ella, arrugando la nariz con disgusto.

―¿Él está corriendo contra Agustin? ―Lo que Agustin le haría al coche de Vico sería considerado una tragedia shakesperiana. A pesar de que nunca había visto correr a Agustin, había oído hablar de él. No era tan sucio como imprudente y asustaba como la mierda a los otros conductores.

―Al parecer ―respondió ella.

―Pensé que habías dicho que Peter iba a vengarte. ―Puse mi mano sobre mi pecho e hice batear mis pestañas.

―Oh, cállate ―lo dijo Cande con una fingida irritabilidad y tomó un sorbo de su cerveza―. Ese era el plan, pero Roman regresó de la universidad para el fin de semana y quería correr contra Peter. Así que ya sabes... ―Su voz se apagó.

El mejor tenía que correr con el mejor, supongo. Empecé a inquietarme ante la mención de Derek Roman.

 Él era un idiota de primera clase y trataba a todos por igual. Como la mierda. No importa si eras hombre, mujer o niño. Jóvenes, viejos, ricos o pobres. Roman se comportaba como si todo el mundo estuviera por debajo de él, y no tenía ningún sentido de la ética. Era sucio.

―¿Dónde está Peter? ―Repentinamente incómoda ante la idea de su carrera con Roman, examiné la multitud en busca de su ralo cabello castaño.

―Más allá con Agustin, dándole una charla. ―Cande engulló su cerveza, y por la forma en que se balanceaba sobre sus pies, me di cuenta de que estaba inquieta.

―Estoy seguro de que Agustin no va a hacer nada estúpido. Él no quiere echar a perder su coche. Vico va a estar bien ―le aseguré.

―No me podría importar menos. ―Sus ojos miraban cualquier cosa menos a mí.

Sí, claro.

Sobresaltándome por el estruendoso rugido de un motor, sacudí mi cabeza hacia la línea de salida y me puse de puntillas para mirar por un hueco entre la multitud. Peter estaba apoyado en el marco de la puerta de Agustin, hablando con el conductor oculto. El cabello le caía en los ojos y una sonrisa fácil cruzaba sus labios. La forma en que su cara se elevaba con la sonrisa radiante...

Oh, alguien estaba tocando unos tambores de acero en mi estómago.

Me odiaba a mí misma por ser tan cursi.

Era inaceptable sentirme afectada por Peter, de entre todas las personas. Estaba aquí con Benjamin, y él también es muy guapo, me dije.

―Oye. ―Benjamin regresó y puso un brazo alrededor de mí. Su cuerpo junto al mío me calentó, y olía a colonia. Casi rogué por las mariposas o lo que sea que echara raíces en mi estómago, pero nunca llegó. 

Tenerlo cerca o tener sus ojos en mí simplemente no me afectaba como debería.

Maldición.

―Oye ―le contesté―. ¿Deberíamos movernos para obtener una mejor vista?

―A ti realmente te gusta esto, ¿no es así? ―Benjamin me miró, con una expresión divertida jugando en su rostro.
―¿Autos? ¿Chicas sensuales? Sí. ―Entrecerré mis cejas en una expresión “duh”.

―Vengan por aquí. ―Cande hizo un gesto hacia la derecha―. Peter está estacionado justo al lado de la pista. Podemos ver desde allí. ―Ella estaba aquí con Peter. Casi me había olvidado. Por supuesto que ella querría ver la acción con él. ¿Y por qué no? Yo estaba harta de nuestras tonterías, y si él podía ignorarme durante los últimos dos días, entonces yo podría hacer lo mismo.

Nos abrimos paso entre la multitud mientras todos tomaban sus posiciones de visualización. Peter ya estaba apoyado en el capó de su malvado coche negro. Con una pierna apoyada en el parachoques, jugueteaba con algo en la mano. Su botón negro inferior estaba desabrochado y revelaba una camiseta blanca, y tanto él como el coche parecían enfadados.

―Hola, tú. ―Cande caminó hacia él y se inclinó en su contra.

―Hola a ti. ―Él le sonrió con la boca cerrada, antes de mirarme. Su sonrisa se desvaneció antes de que sus ojos se estrecharan sobre Benjamin.

―Oye, hombre. ―Benjamin saludó a Peter.

―Oye, ¿cómo te va? ―preguntó Peter amablemente, pero miró hacia otro lado demasiado pronto. Benjamin debió darse cuenta de la pregunta retórica, porque no respondió.

Me quedé allí de pie, tratando de parecer desinteresada, de mirar a cualquier lugar excepto a Peter.

Rompiendo a sudar cuando las imágenes de nosotros envueltos el uno alrededor del otro la otra noche pasaron por mi cabeza, me abaniqué ligeramente con la solapa de mi chaqueta. El ambiente extraño en el aire me hizo contemplar quién necesitaba ser eliminado de esta ecuación para que fuera más cómodo: Peter, Cande, Benjamin, o yo.

Cande rompió el silencio.

―Y Peter, esta es Mariana Esposito. Di “hola” ―bromeó ella mientras Peter deslizaba un brazo alrededor de su cintura.

Mi respiración se enganchó. Él me miró con ojos entornados, y memorizó mi atuendo, sólo asintiendo con la barbilla hacia mí antes de volver su atención a la línea de salida.

Hice rodar mis ojos y me volví hacia la acción.

―¡Y estamos listos! ―Un chico joven que supuse era el Maestro de la Carrera llamó a las personas para despejar la pista. Mis ojos se clavaron en todo el dinero que se movía de mano en mano mientras las personas hacían sus apuestas. El rugido de los motores vibró bajo mis pies, y envió escalofríos por mis piernas. Mis dedos de los pies se curvaron. Maldita sea, desearía estar corriendo. Odiaba ser un espectador, pero aún me sentía inquieta por la anticipación.

Una niña en una falda corta a cuadros y una pequeña camisola roja tomó posición frente a los coches, y levantó las manos en el aire.

―¿Preparados? ―gritó. Los motores aceleraron, provocando gritos de entusiasmo entre la multitud―. ¿Listos? ―Levantó los brazos hacia arriba―. ¡Fuera!

Salté hasta colocarme de puntillas de nuevo para ver las cubiertas de los neumáticos levantando polvo mientras luchaban por ponerse en marcha. Me balanceé un poco arriba y abajo con la emoción, y no pude contener mi sonrisa de oreja a oreja. Los coches pasaron junto a nosotros como un relámpago, enviando una ráfaga de viento hacia mi cara y un atronador golpeteo en mi pecho.

―¡Mierda! ―Oí decir detrás de mí y me volví para ver a Cande limpiándose la camisa―. Derramé cerveza ―murmuró. Vi a Peter unos metros detrás de ella, todavía apoyado en su coche, ni siquiera viendo la carrera. Su atención estaba centrada en mí por completo, con algo familiar en su expresión.

En ese momento, la carrera, Benjamin, y Cande ni siquiera existían. Un pequeño gemido apenas logró salir de mi garganta, al mismo tiempo que mi corazón se aceleró y mi estómago dio un vuelco. Él me estaba dando la misma mirada que me dio la noche del miércoles justo antes de que me besara, y yo sabía que no había imaginado nada.

Era ira y deseo mezclados juntos para crear algo lo suficientemente caliente para que mis rodillas se debilitaran. Por la forma en que él me había estado ignorando ayer y hoy, apenas dedicándome alguna mirada, había empezado a preguntarme si todo habría sido un sueño húmedo de mi parte.

Pero, no.

Respirando hondo, y alejando con dificultad mis ojos, me quité la chaqueta y se la tiré a Cande.

―Ponte esto.

―Gracias. ―Sostuvo el vaso en una mano y se metió en la chaqueta con la otra.

Echándole otro vistazo a Peter, me di cuenta de que su pecho subía y bajaba con fuerza mientras sus ojos escupían fuego. El deseo se había ido. Su mirada estaba en Benjamin ahora, quien también noté me había estado viendo, pero se dio la vuelta como si hubiera sido atrapado echando un vistazo a algo que no debería tener.

Una vez más, quise cubrirme inmediatamente.

Estaba aquí por la carrera, me recordé a mí misma y me volví hacia la pista.

Agustin y Vico nunca iban cabeza a cabeza. O Agustin estaba drásticamente alejado de Vico, o Vico se encontraba a una distancia ridícula detrás de Agustin. Después de un minuto, la multitud comenzó a reírse cuando se dieron cuenta de que Agustin estaba jugando con su oponente. No es de extrañar que Peter no estuviera mirando. Sabía que sería una victoria fácil. No es que el Camaro de Vico no fuera digno, pero Agustin era más experimentado y había hecho un infierno de un montón de acondicionamiento en su coche.

En la última vuelta, Agustin se adelantó por última vez y cruzó la línea de llegada con el sonido de aplausos y silbidos. La gente se apresuró hasta su coche, y Agustin surgió con una sonrisa estúpida en su cara presumida. Una chica le agarró su camiseta gris y le metió la lengua en su boca. ¡Asco!

Vico lentamente bajó de su automóvil e inmediatamente miró a Cande quien, me di cuenta, estaba descaradamente envuelta alrededor de Peter nuevamente. Mi pierna se convulsionó con ganas de patear algo cuando lo vi enterrar la cabeza en su cuello. Ella se rió de placer, obviamente, actuando.

―Peter es el siguiente. ―Benjamin se frotó la mandíbula―. Roman es impresionante. Espero no haber apostado por la persona equivocada.

Sinceramente, yo no sé por quién apostaría si estuviera interesada en colocar dinero por cualquier imbécil.

―¡Todo el mundo despeje el camino!

Salté. El Maestro de la Carrera estaba empezando el próximo evento.

―Lanzani y Roman, traigan sus culos a la línea de partida.


Y de repente, estuve nerviosa por esa pareja.

martes, 26 de mayo de 2015

capitulo 19



―Lali.

Me di la vuelta, aturdida por mi celebración, y me encontré con la mirada expectante de mi abuela.
¡Huy! Me pregunté cuánto tiempo había estado allí.

Corrí hacia el reproductor de CD y apagué a Miss Murder de AFI.

―Lo siento. Ha sido por rutina. ―Sonreí tímidamente. Después de una práctica donde pude haber corrido al menos una hora, regrese a casa con energía de sobra. Me había quitado un peso de encima, y me sentía con ganas de celebrarlo.

Había decidido dejar de lado mi tarea ―ya que de todos modos todo estaba cumplido esta semana― y forjar un entero en mi alfombra con algunos movimientos de baile horrendos.

―Bueno, dejaste el teléfono abajo. Cande llamó. ―Ella me lanzó mi móvil, el cual cogí―. Y casi son las siete. ¿Estás lista para ir a comer? ―La abuela agitó su mano hacia la puerta.

―Por supuesto. ―Agarré mi chaqueta negra y mis Chucks negras. Me había puesto unos jeans y una camiseta tras bañarme en casa al venir de la práctica. Después de la intrusión de Peter en el vestuario, había optado por ducharme en casa.

―Voy a estar en un minuto. Quiero llamar a Cande.

La abuela asintió y se marchó.

La idea de pedir disculpas a Cande hizo que mi estómago rodase. Ella estaba saliendo con un chico que me trataba mal, y me dolía que hiciese la vista gorda a eso. Sin embargo, también me di cuenta de que ella y Peter se utilizaban mutuamente. Con el tiempo, probablemente más temprano que tarde, esta aventura entre ellos terminaría. Mientras ella no formase un equipo con él en tratarme como una mierda, había decidido no darle lo que quería.

―Hey ―saludé a Cande tímidamente cuando ella contestó.

―Hey. ―Su voz sonó cortante.

Respiré hondo y deje escapar un suspiro.

―Así que, espero poder hacer efectivo salir de la cárcel con la tarjeta de libertad. Siento haber dicho lo que te he dicho hoy.

Ella guardó silencio durante unos momentos mientras yo andaba nerviosamente a la deriva alrededor de mi habitación.

―Actuaste como una idiota ―murmuró.

Casi me reí. Bueno, al menos me estaba hablando.

―Lo sé. Él no tiene que ver conmigo más. Si es lo que quieres, entonces puedo crecer y superarlo.

―Disculpa aceptada. ―Podía oír la sonrisa en su voz.

―Está bien. Nos vemos mañana. Me voy a cenar con la abuela. ―De todos modos podía oír de fondo que su madre la llamaba.

―Que se diviertan. Y te quiero, Lali ―dijo ella con dulzura.

―Yo también te quiero.

Colgamos, y ya me sentí mejor. Gracias a Dios que se arregló. Ahora, si tenía suerte, solo me encontraría pocas veces con Peter. Sin embargo, si resultaba que tenía mala suerte, haría todo lo necesario por Cande y las salidas en tríos.

Aun así, todavía tenía ganas de abofetear a mi amiga un poco. Pero, al menos, había soltado mi amargura por Peter. Si quería estar de rebote con él, era cosa de ella. Estaba cansada de hacer un problema donde no había uno, y para salvarme a mí misma de un poco de estrés, estaba decidida a ocuparme de mis asuntos. Ella sabía lo que sentía, y yo sabía que no traicionaría mi confianza. Eso era todo lo que necesitaba.
Prácticamente bailaba por las escaleras, sintiendo que el hipopótamo que había estado sentado en mi pecho había decidido finalmente seguir hacia delante.

―Bueno, parece que estás de buen estado de ánimo. ―Los ojos de mi abuela siguieron mis movimientos―. ¿Hoy ha estado bien la escuela?

―Sí, en realidad. Fue genial. ―Dejar saber a Peter lo mucho que me había herido sacaba fuera la frustración. Ya no me sentía sepultada bajo sus acciones y luchando por mantener una fachada.

―Bueno. ¿Qué te apetece hacer? A juzgar por tus jeans, supongo que O'Shea está fuera. ―Su tono plano mostró su decepción. O'Shea era su restaurante favorito en nuestra poca ciudad diversa.

―¿Qué hay de Mario? ―le pregunté mientras me sentaba a atarme los zapatos. Me encantaba su pasta con albahaca y aceite de oliva. La vieja pareja que dirigía el restaurante era agradable y acogedora, y mis padres fueron a su primera cita allí.

―Por supuesto. Suena bien. ―Tomó su bolso, y yo le arrebaté las llaves. Siempre tenía que conducir a menos que la situación no lo permitiese. Parecía una eternidad llegar a cualquier parte a menos que yo tuviese el control del vehículo. Afortunadamente, los adultos de mi vida habían sido indulgentes.

Mientras ella se detuvo para esponjar el cabello y abrochar el botón de la chaqueta delante del espejo de la puerta, pase mis brazos a través de mi chaqueta y enganche la correa de mi bolso sobre mi cabeza.

―¿Abu? Mientras estamos fuera, ¿te importa si rodeamos algunas partes, para que pueda comprobar algunos coches después de la cena? ―Encontrar un coche no había estado en mi mente en las últimas semanas, pero la idea se había derramado de mi boca como si hubiera estado en la punta de mi lengua todo el día.

No podía fingir que necesitaba el coche para desplazarme. Después de todo, tenía el Bronco de mi padre. 

El control que había obtenido estaba deslizándose por mi nueva piel. Todo estaba caliente, delicioso, y posible. Conseguir un coche propio era como una dosis de control, directo a la vena.

La abuela entrecerró los ojos azules hacia mí a través del espejo.

―¿Tu padre sabe que quieres comprar un coche?

―Sí, pero de todos modos en este momento solo estoy mirando.

―No vas a querer tener un coche en la ciudad de Nueva York, cariño ―afirmó ella, dándose la vuelta para abrir la puerta.

―¿Está bien si sólo miramos? Después de todo, podría tener el coche para cuando regrese de vacaciones. ―La seguí fuera.

Dando la vuelta para cerrar la casa, ella asintió.

―Claro, yo no veo nada de malo en mirar.

                                                                       * * *

Después de una noche de necesitada y alegre conversación con mi abuela, llegaba a casa sintiéndome más tranquila de lo que había estado en semanas.

Me senté en la cama, leyendo un thriller de Chelsea Caín, cuando escuché ladridos que venían de fuera.
Mis puertas francesas estaban abiertas una grieta, por lo que se podía oír la lluvia. La ligera llovizna que comenzaba cuando la abuela y yo llegamos a casa había dado paso a cubos de agua. Giré una de las puertas abiertas, me incliné hacia afuera y escuché.

Los ladridos eran constantes, afligidos... y cercanos.

Madman.

Cuando miré había abajo alrededor del patio de Peter, no vi ninguna luz o señal de la perrita. Toda la casa estaba silenciosa y oscura. Eran más de las once, así que él y su madre debían estar dormidos o se habrían ido a pasar fuera la noche.

Deslizándome en mis Chucks, bajé las escaleras, tomando un momento para comprobar que la luz del dormitorio de mi abuela estuviese apagada. Una vez en la puerta, encendí mi luz del porche y salí a la calle.

¡Mierda! Estaba lloviendo.

¿Cómo se me había olvidado en los tres segundos que me llevo llegar abajo? Gracias a Dios por el porche cubierto. Abrazándome a mí misma, me acerqué a la orilla más cercana de la casa de Peter y eche otra mirada. Me llevé la mano a la boca para ahogar un pequeño grito de asombro al ver a Madman lloriqueando y arañando la puerta principal. Estaba empapado, y me di cuenta desde aquí que estaba temblando. Por suerte, tenía un pequeño toldo que le protegía de la lluvia estruendosa.

Sin pensarlo dos veces, me lancé a la tormenta, y corrí a través de nuestros jardines hasta la pequeña escalera de la entrada de Peter. Sólo llevaba puestos mi pantalón corto de pijama y una camiseta, así que, como loca, ahora estaba temblando bajo la fría lluvia que salpicaba en mis piernas y brazos desnudos.

―Hey, amigo. ¿Cómo llegaste aquí? ―Me agaché para acariciar su cabeza, y lamió mi mano con entusiasmo―. ¿Dónde está Peter, eh?

Un temblor derribó mi cuerpo, haciendo que mis hombros se contrajesen.

La última cosa que quería hacer era llamar a la puerta del idiota, pero no había forma de coger a Madman y llevarlo a casa conmigo. Peter probablemente me acusaría de tratar de robarme su mascota.

Madman era una víctima colateral de Peter y mis consecuencias. Por mucho que me encantase el perro, lo justo era que estuviese con Peter. Algunas cosas habían sido así después de su regreso de aquel verano de distancia. Uno de nuestros lugares favoritos era un estanque de peces en Eagle Point Park. Cuando Peter y yo dejamos de ser amigos, dejó de ir allí.

Tengo el estanque. Él se quedó al perro.

―¿Peter? ¿Señora Lanzani? ―llamé mientras sonaba el timbre de la puerta. La lluvia golpeaba en el suelo, dando sensación de inundación a nuestra calle. El viento aullaba forzando la lluvia hacia los lados, que empapaba mis zapatos y pantorrillas, incluso bajo el toldo.

Dudaba que alguien pudiese oírme gritar con este escándalo, por lo que llame a la puerta y toqué el timbre dos veces más. La casa permaneció oscura y silenciosa.

―Bueno, Madman. Es posible que te vengas conmigo a casa. ―El pequeño ladró de nuevo, claramente infeliz de estar afuera.

Antes de alejarme, me agarré a la manija de la puerta y me volví. Para mi sorpresa, la puerta se abrió.

¿No estaba cerrada con llave? Raro.

Madman se precipitó dentro, empujando la puerta completamente abierta como si estuviera huyendo de un incendio. Sus garras hacían eco por el pasillo contra los pisos de madera. Había ido a la cocina, probablemente por su plato de comida.

Di un paso vacilante hacia el vestíbulo.

―¿Hola? ―La casa estaba casi en tono negro a excepción de las farolas que arrojaban un brillo opaco a través de las ventanas―. ¿Sra. Lanzani? ¿Peter? ―Miré a mi alrededor y sentí un escalofrío derribar por mis brazos.

Algo no estaba bien.

La casa parecía casi muerta. No había relojes marcando, no había zumbido de la pecera. Ni siquiera estaba segura de sí había peces, pero una casa ocupada hace algún tipo de ruido, incluso en medio de la noche.
Madman ladró, y yo di un paso hacia la cocina, pero me detuve cuando escuché un crujido bajo mi zapato.

 Tomando una mirada más de cerca, después de ajustar mi vista a la oscuridad, me di cuenta de vidrio roto o... tal vez era cerámica, en el suelo. Analicé la zona y note el desorden en el que no me había fijado cuando había entrado.

Las sillas estaban volcadas, una lámpara rota, y cojines del sofá tirados alrededor de la sala de estar. Incluso las fotografías enmarcadas de Peter en la pared junto a la escalera estaban hechas añicos y colgando de una esquina.

¡Peter! Mi corazón latía con fuerza en mis oídos. ¿Qué había pasado?

Madman continuó ladrando, más persistente en esta ocasión. Corrí por el pasillo hasta la cocina. El perro estaba sentado mirando por la puerta abierta de atrás, gimiendo y moviendo la cola.

Al mirar a través de la puerta, pude ver sentado a Peter en el escalón más alto que conduce al patio trasero. Dejé escapar un suspiro.

Estaba de espaldas a mí, y estaba empapado. El agua corría por su espalda desnuda y el cabello de su cabeza se pegaba a su cuero cabelludo.

―¿Peter? ―grité dando un paso al marco de la puerta.

Volvió la cabeza lo suficiente para verme con el rabillo del ojo, el cual estaba casi completamente cubierto por su cabello empapado. Sin reconocerme, se dio la vuelta y levantó una botella de licor a los labios.

Jack Daniels. Directamente.

Mi primer pensamiento fue marcharme. Estaba a salvo. El perro estaba a salvo. Lo que estaba haciendo no era asunto mío.

Pero mis pies no se movían. La casa había sido destruida, y Peter estaba bebiendo solo.

―¿Peter? ―Salí, agradecida por la cubierta sobre la puerta de atrás―. El perro estaba ladrando afuera. 
Toqué el timbre. ¿No lo oías? ―Supongo que sentí la necesidad de explicar mi presencia en su casa.

Al ver que no respondía, bajé las escaleras hacia él. La lluvia caía sobre mi rostro, empapando el cabello y la ropa. Mis músculos se tensaron con la urgencia de volver a entrar, pero, por alguna razón, me quede donde estaba.

La cabeza de Peter estaba a nivel, pero sus ojos estaban abatidos. Sus brazos descansaban sobre sus rodillas, y la botella medio vacía estaba asegurada en la mano izquierda, donde giraba hacia atrás y adelante entre los dedos.

―¿Peter? ¿Podrías responder? ―le grité―. La casa está destrozada.

No es asunto mío. Solo vete.

Peter lamió sus labios, y las gotas de lluvia en su rostro parecían lágrimas. Lo vi como alzaba los ojos perezosamente y parpadeaba lejos el agua.

―El perro se escapó ―murmuró de manera casual. Su voz era tranquila.

Aturdida por una respuesta tan críptica, casi me eché a reír.

―¿Así que tuviste una rabieta? ¿Tu madre sabe que lo que hiciste a la casa?

Su frente se arrugó, mientras me miraba a los ojos muertos.

―¿Qué te importa? No soy nada, ¿verdad? ¿Un perdedor? Mis padres me odian. ¿No eran esas tus palabras?

Por un momento, cerré los ojos, sintiéndome culpable de nuevo.

―Peter, nunca debería haber dicho esas cosas. No importa lo que hayas…

―No te disculpes ―interrumpió él. Balanceándose mientras se levantaba, adoptando su tono sádico habitual―. El servilismo te hace parecer patética.

¡Cabrón!

―No estoy arrastrándome ―espeté mientras lo seguía a la casa―. Puedo admitir que la jodí.
Me puse de pie en el umbral, mientras que él dejaba la botella en la mesa de la cocina y tomaba un paño de cocina de la encimera. Caminando hacia Madman, que estaba acurrucado debajo de una silla, envolvió la tela alrededor del perro y poco a poco le secó. Continuó ignorándome, pero no podía irme hasta que hubiese dicho lo que tenía que decir.

―Lo siento si te hice daño, y no volverá a ocurrir. ―No, me dije. No tengo necesidad de estar aquí.
Pero no me detuve ahí. Mi mirada se posó en la botella aun-no-vacía de Jack, y estaba preocupada. Su madre era una alcohólica en recuperación, y los licores fuertes podían ser peligrosos en grandes cantidades. Por el aspecto de la casa, él no estaba en control de sus facultades.

Cogiendo la botella de la mesa, me acerqué al fregadero y empecé a verter su contenido por el desagüe.

―Y tampoco voy a dejar que te hagas daño.

―¡Hija de puta! ―Peter soltó a mi espalda, y estreché la botella con nerviosismo cuando oí sus rápidos pasos detrás de mí.

Peter intento arrebatarme el envase, el cual estaba a unos pocos sorbos de estar vacío, pero me di la vuelta para enfrentarme a él, manteniendo la espera.

―Esto no es de tu incumbencia. Déjalo ―gruñó. Su aliento cayó en mi cara, oliendo a whisky y a lluvia, y sus ojos salvajes hicieron que mis brazos se debilitasen. Casi suelto la botella, abrumada por la fuerza que utilizaba para conseguirla. Cuando él tiró, todo mi cuerpo se sacudió.
Bueno, esto es nuevo.

Me había acostumbrado a caminar en torno a un Peter tranquilo y sereno, pero este Peter estaba desesperado e imprudente. Debería estar asustada, pero, por alguna razón, estaba intoxicada con esta faceta.

Quería esta confrontación con Peter. Estaba deseosa de ella.

Ambos respirábamos duro mientras tratábamos de conseguir la botella lejos uno del otro, pero nadie iba a abandonar. Sus brazos flexionados con la lucha, y yo sentía que la botella empezaba a deslizarse de los dedos. Sabía que iba a perder.

―¡Basta! ―lloré. ¿La maldita botella era tan importante?

¡Contrólate, idiota! Era evidente que él había perdido el control, y yo necesitaba sacarlo de esto.

Dejé que se llevara la botella y le di una bofetada en la cara. Su cabeza giró a un lado con el impacto, y me picó la mano. Nunca había golpeado a Peter. Ni siquiera cuando éramos niños y jugábamos.

Aturdido y furioso, Peter dejó la botella en el suelo, olvidándola, y volvió sus ojos viciosos a mí. Me quedé sin aliento cuando me levanto por mi cintura y me golpeo sobre el borde duro del fregadero. Antes de darme cuenta, me había bloqueado las muñecas por detrás de mi espalda y colocado su cuerpo entre mis piernas. Me arrastró contra él y quede atrapada. Mi pecho subía y bajaba rápidamente, desesperada por aire.

Oh, Dios.

―¡Déjame ir! ―grité.

Mi cuerpo estaba constreñido entre sus brazos en la parte de atrás y su torso en la parte delantera. El agarre era estrecho, suficiente para mantenerme quieta pero no lo suficiente como para hacerme daño. Intentaba moverme y girarme para liberarme, pero sólo me sacudía más contra él y me apretaba.

―Peter, déjame ir. ―Traté de hacer que mi voz sonase contundente, pero con la lucha, mi fuerza se había reducido.

Sus ojos se encontraron con los míos, nuestros rostros a menos de un centímetro de distancia el uno del otro. Pasé un buen rato mientras me abrazaba, tratando de mirar hacia abajo.

Pero no funcionó.

Una vez que mi mirada se encontró con la suya, fue imposible apartar la mirada. Sus ojos eran como la portada de un libro que da un resumen, pero no toda la historia. Y quería saber la historia. Si busco sus ojos por largo tiempo y despacio, tal vez lo que anhelaba pudiese salir.

¡Maldita sea!

Incluso con el licor en su aliento, olía increíble. Como una especie de gel de baño en el que quería envolverme para siempre. Mis muslos estaban fríos donde sus pantalones mojados se frotaban, pero el resto de mi cuerpo estaba en llamas. El calor se derramó en los poros de mi cuello, y una gota de sudor se deslizó entre mis pechos donde él me tocaba. Mareos empañaban mi cabeza con la presión que ponía entre mis piernas.

Nuestra respiración emparejada, y su expresión ya no era de enfado.

Habló con voz temblorosa, casi con tristeza.

―Me jodiste hoy.

Supuse que se refería al monólogo.

―Bien ―le espeté.

Él me sacudió de nuevo.

―¿Tú querías hacerme daño? ¿Te gusta meterte en todo? Te hace sentir bien, ¿no?

¿Se refería a mí o a él?

Yo incluso traté de mantener mi rostro, pero mi cuerpo cosquilleaba en todas partes. Su olor estaba a mi alrededor mientras él se inclinaba sobre mí. Nuestros cuerpos se fundían juntos y nuestros labios estaban muy cerca. Cuando lo sentí endurecerse entre mis piernas, apreté mis ojos cerrados, con demasiado miedo porque ya no estaba luchando más.

Respirando hondo, abrí los ojos y lo mire con valentía, mi pulso latiendo en los oídos.
Él no es nada para mí. Nada.

―No, no me meto en eso ―le respondí con calma―. No siento nada. No eres nada para mí.

Él se estremeció.

 
―No digas eso.

El calor de su boca flotaba a mi alrededor mientras yo me inclinaba.

―Nada ―repetí apenas en un susurro―. Ahora, ¡fuera…!

Su boca cayó sobre la mía, ahogando mi protesta.

Sus labios me devoraron, fuerte y rápido, como si estuviera siendo comida viva. Su lengua se metió en mi boca, y me dejó, necesitando sentir todo de él. La sensación pulsante en mi interior se aceleró, y envolví mis piernas alrededor de su cintura antes de cerrar los ojos, saboreando la liberación.

Traté de pensar, pero no pude. No quería hacerlo. Todos los años que habíamos estado separados eran llenados por este momento.

Soltó mis brazos, enroscando una mano por el cabello y la otra agarrando el culo. Tirando mis caderas con más fuerza contra él, asaltó mi boca como si se estuviera muriendo de hambre. Me chupó el labio inferior y luego dirigió su atención a la mandíbula y al cuello, con besos frenéticos. Una legión de mariposas saltaban en el estómago, y yo gemía de placer.
 
Y le devolví el beso.

¡Oh, Dios mío! ¡Le estaba besando de nuevo!

―Peter―dije con voz entrecortada. Él debía parar. Debemos parar. Pero me olvidé de eso.
Estaba perdida.

Apreté mis piernas alrededor de su cintura y agarré su cabello mojado, sujetándolo, mientras chupaba mi cuello. Su mano izquierda se deslizo por mi muslo, y llevó sus labios a los míos una vez más, necesitando más. La presión iba aumentando mientras apretaba nuestros centros juntos. Él gimió, y yo no quería que se detuviera. Nunca.

Cuando él inclinó la cabeza para mordisquear debajo de mi oreja, imágenes de él y Cande ayer en el salón pasaron por mi mente.

Esto es lo que sintió ella.

Todo vino de golpe. Mis ojos se abrieron mientras la comprensión alboreaba.

Él me hacía daño.

Él me odiaba.

―Peter, detente. ―Mi tono estaba destinado a ser más fuerte, pero sólo sonaba desesperado. Él me ignoró mientras besaba y mordía suavemente mi hombro, mientras que su mano se movía debajo de mi camisa.

―Peter! Te he dicho detente. ―Poniendo mis manos sobre su pecho, le aparté. Retrocedió unos pasos, respirando con dificultad y mirándome como a un animal.

Demasiado lejos.

Salté de la repisa del fregadero, casi corriendo de la cocina y de la casa. Sentía como vapor saliendo de mi piel mientras la lluvia fresca me golpeaba los brazos y las piernas. El corazón me latía casi fuera de mi pecho cuando llegué a mi porche.

¿Qué estás haciendo?, me grité a mí misma.

Un dolor hueco se instaló en mi estómago, y un vacío horrible llenaba mis brazos donde antes habían estado llenos. Dejé que me besara.

Y había hecho lo mismo con él.

Traté de recuperar el aliento. ¿Cómo he podido dejar que esto suceda? ¡Era como si no hubiese tenido control! Sabía que lo que estábamos haciendo era una locura, pero la sensación de sentirle me hizo olvidar todo. Incluso ahora, mi cuerpo todavía lo anhelaba, y odiaba eso. La vergüenza me quemaba la piel en los lugares en los que me había tocado.

Peter siempre calculaba sus movimientos. ¿Había planeado esto? Esto era lo más bajo a lo que pensé que iría alguna vez. Probablemente estaba allí riéndose de mí en este momento, sabiendo que había pisoteado mi orgullo.

Mil preguntas llenaron mi cabeza, pero las rechacé. No. Una cosa era cierta: Peter no era de fiar. Ni siquiera habíamos empezado a hacer las paces, y estaba hirviendo de humillación.



Eso no sucederá de nuevo.




llego el beso :)

o Por dios! vieron que intenso fue ? a mi me encanto lo hice especial vieron lo que hice con las imágenes díganme si les gusto 

minimo 5 comentarios o no subo ...las quiero