jueves, 4 de junio de 2015

capitulo 29





Antes de leer este gran capitulo les recomiendo que ponga este enlace y escuchen la canción mientras leen y repitan cuantas veces sea necesario Nothing Like Us (spanish version) - Kevin Karla & La Banda (Lyric Video) - YouTube




―¿Nos dirigimos a Chicago para pasar el fin de semana comprando vestidos? Probablemente ya estamos retrasadas. A este punto las posibles elecciones apestan ―dijo Cande mientras la llevaba a su casa luego de la tarde del viernes escolar. Ella iba ir a las carreras esta noche, y aunque Agustin me había invitado para ser su copiloto yo tenía otros planes.

―Tengo esa reunión mañana en la mañana pero es local, ¿puedes venir? Podemos tener un desayuno tardío e irnos a la ciudad. ―Cambié la marcha a segunda mientras desaceleraba y le daba vuelta a la esquina de su casa, noté el auto de Vico estacionado frente a su casa de dos plantas con ladrillo rojo tipo colonial.

―Eso suena bien. Mándame por mensaje la hora, y estaré ahí. Y te compraras un vestido rojo, Lali. ―Apuntó su dedo con la uña pintada de un azul eléctrico hacia mí y sonrió. Esta era una vieja discusión. Ella pensaba que las rubias se veían grandiosas en rojo mientras que yo pensaba que me miraba mejor de negro.

―Oh, ¿sí? ―la reté.

―Ya verás ―dijo en un tono como si ya hubiese ganado el argumento que se aproximaba.

Cambiando la marcha a neutra, y halando el freno de emergencia, le bajé el volumen a Five Finger Death Punch que sonaba en la radio.

―¿Sabías que Vico iba a estar aquí?

Ella miró hacia adelante por la ventada a su Camaro.

―Sí. Fue invitado a la cena esta noche antes de irnos a la carrera. Mis padres realmente no saben lo que sucedió entre nosotros. Solo que discutimos y nos separamos por un tiempo. Si ellos supieran…

―Sí ―la corté. Solo podía imaginarme la reacción del sargento Vetrano.

―De acuerdo. ―Abrió la puerta y salió―. Mándame un mensaje después.

―Seguro. Te veré después ―dije mientras ella cerraba de golpe la puerta del Bronco de papá.

El camino de vuelta a casa me tomó menos de dos minutos. Unas cuantas vueltas y cruces y me encontraba en mi propia entrada hacia el garaje. Noté que el auto de Peter estaba estacionado dentro de su garaje antes de notarlo a él y a otros dos tipos bajo la capota.

Ignorando la sensación que comenzó en mi estómago y se deslizaba hacia abajo, entré pisoteando en la casa con un pesado suspiro.

Pasando el resto de la tarde atada a cualquier actividad insignificante en la que pude pensar, pasé el tiempo esperando escuchar el ruido del motor de Peter mientras éste se iba a la granja de Benson. Ya había trapeado y aspirado, terminé de lavar, y cené. Iba a desfragmentar mi disco duro cuando las vibraciones del auto de Peter me hicieron saltar.

¡Finalmente!

Mis pies descalzos se quemaron en la alfombra mientras subía saltando las escaleras. Miré por las puertas francesas para ver su auto salir de la entrada. La máquina negra corrió bajo la calle, y mi corazón comenzó a palpitar por lo que estaba a punto de hacer…

Su casa estaba oscura, así que asumí que su madre ya se encontraba con su novio para pasar el fin de semana.

Salí por la puerta y atravesé el árbol, usando mis pies descalzos para agarrarme de las ramas. Me tambaleé con la sensación de Dé javù. Había pasado un largo tiempo desde la última vez que había hecho esto.

El peso de mi cuerpo había aumentado estos pasados tres años. Las ramas crujían y me apresuré a su ventana ya que no había tanta densidad en las hojas. La mayoría de ellas había caído en espera del invierno y era seguro que sería vista desde la calle si me tardaba mucho.

Agarré el marco de su ventana con mis dedos, mis uñas descascararon la pintura blanca en lo que mis músculos se esforzaron en abrir la venta.

¡Sí! No tiene puesto el seguro.

Usé mis brazos para empujarme hacia arriba, moví una pierna sobre el marco y gateé a través de la ventana. Parándome, dejé que mis ojos se ajustaran a la casi completa oscuridad de la habitación. Mi pulso golpeó tan duro en mis oídos que pensé que sangrarían y estaba temblando por los nervios. Dejé la ventana abierta en caso que necesitara un escape rápido.

Dando una mirada a la habitación, noté que él había cambiado los muebles desde la última vez que estuve aquí. El cuarto parecía limpio, pero estaba desordenado. La ropa estaba tirada a través del piso y sobre la cama. La parte de arriba de su vestidor estaba sumergida en dos metros de distintos tipos de basura, dinero, y recibos. Las paredes aún estaban pintadas de un azul media noche.

Cuando él era más joven, su madre había decorado la habitación con un tema acuático. Por lo visto, él había tirado la decoración del bote y el faro. Ahora las paredes mostraban algunos poster de bandas y anuncios de eventos por darse en el área.

Comencé a andar de puntadillas pero me detuve. ¿Por qué estoy siendo silenciosa? No hay nadie en casa. Tal vez me estaba sintiendo culpable. El pequeño ángel en mi cabeza susurró su desaprobación a mi indagación deshonesta. Pero el pequeño demonio gritaba la urgencia de ello.

¡Continúa!

Caminé hasta su closet, y abrí las puertas de madera. Cualquier cosa de interés probablemente estaría escondida ahí. Aún no estaba segura de qué es lo que buscaba pero en este punto estaba interesada en cualquier cosa que me diera un deslumbre de lo que era su vida ahora.

Cerré mis ojos ante el súbito aroma de Peter. Viento, lluvia y hombre. Brevemente recorrí mis dedos sobre las mangas de sus camisas, y sus sudaderas antes de inclinarme para buscar cualquier cosa de importancia en el piso.

El fondo del closet se encontraba abarrotado de zapatos y un par de cajas de zapatos llenas con fotografías. En lo que revisaba las cajas topándome con fotos de Peter de niño, comprendí que no había ninguna fotografía mía entre ellas. Eso no estaba bien. Peter y yo estábamos unidos a la carrera durante los cuatro años antes de separarnos. Y había fotografías. Muchas de ellas. Yo aún tenía algunas. ¿Se había desecho de las suyas?

Poniendo de vuelta todo tal y como lo encontré, cerré el closet con más fuerza de la necesaria y me di la vuelta. La cómoda de Peter se encontraba al otro lado de la habitación y empecé a revisar los recibos de gasolina apiñados encima. Noté que varios eran de Crest Hill, como a una hora de nuestro suburbio en Chicago. ¿Crest Hill? ¿Qué estaría haciendo ahí?

Una búsqueda en los cajones no reveló nada. Así que caminé hacia su cama y me arrodillé para mirar debajo.

¡El premio gordo! Saqué una caja sin tapa que estaba metida con carpetas y papeles. Alzándola en mis brazos la coloqué sobre mi regazo mientras me sentaba en su cama.

Su cama.

Hace tiempo, no era tan extraño estar en la habitación de Peter, pero era como estar en un parque de diversiones, después de cerrar: malo pero excitante. Dentro de la caja, revisé varias cosas, cada una más interesante que la última. Había un documento legal del abuelo de Peter. Él le dejó una casa del lago en Wisconsin, un pedazo de mierda por lo que se veía en las fotografías. Pero el terreno era hermoso. Varios recibos más revelaron meses en Crest Hill sucediendo el año pasado. Una orden judicial para que Peter apareciera en la corte municipal por asalto estaba fechada poco después de que me fuera a Francia. Más recibos de comidas y cuartos de hotel habían sido aventados dentro de la caja, al azar, y mientras que escavaba más profundo, mi mano tomó una lisa y gruesa carpeta al final de la caja.

Pero la solté y dejé de respirar cuando escuché la puerta del pasillo abrirse.

¡Oh, Mierda!

Metí la caja de papales de vuelta bajo la cama y salté a un espacio pequeño escondido entre el armario y la cama de Peter. No podía oír nada ahora por la forma en que mi corazón latía en mis oídos, pero estaba fuera de vista justo a tiempo. Peter entró a la habitación llevando una toalla alrededor de su cintura y secando su cabello con otra.

¡¿Porque está en casa?! Vi su auto irse, y no lo había escuchado volver. Así que, ¿qué está pasando aquí?

Él encendió una lámpara en la mesa, creando una suave luz en la habitación, y continúo secándose el cabello. Su largo cuerpo se movió hacia la ventana, donde colocó una mano sobre el marco y miró hacia afuera. Lo observaba, preguntándome qué diablos iba hacer. En cualquier minuto se daría la vuelta y me descubriría.

Su toalla estaba envuelta alrededor de su cintura y le cubría hasta las rodillas. Mi estómago se sentía como si estuviera en una montaña rusa, y mi boca se secó como el desierto de Mojave. La suave luz bañaba su piel que tenía gotas esporádicas por todo su resplandeciente pecho. Tuve que alejar el deseo de sentarme aquí y esperar que cayera la toalla.

No había forma de salir de aquí sin que él me notara. Estaba a punto de ser capturada y acorralada o salir con alguna historia. Antes de que él se diera la vuelta, me levanté de la esquina y di una respiración dolorosa.

―Peter. ―Mi voz era baja.

Se dio la vuelta, y su mirada se estrechó al verme.

―¿Lali? ―Hizo una pausa por un momento―. ¿Qué diablos estás haciendo en mi habitación?

Me temblaron las manos, así que las puse detrás de mi espalda mientras me acercaba.

―Bien, pensé en lo que me dijiste acerca de tratar de ser amigos y quería empezar deseándote un feliz cumpleaños.

Tranquila, Lali. En serio tranquila.

Sus ojos se dirigieron hacia la derecha mientras se volvía por lo que dije, y sabía que no me creyó. Ni yo me lo creí tampoco. Era una excusa poco convincente.

―¿Así que entraste a mi habitación para decirme “Feliz cumpleaños” una semana después de mi cumpleaños? ―Su sarcasmo no podía faltar. Me estaba ahogando y no podía respirar.

Mierda.

―Subí a través del árbol como solíamos hacerlo ―señalé, pero mi cara estaba sonrojada. Solo podía imaginar lo roja que estaba.

―Y mañana es tu cumpleaños. ¿Puedo trepar a tu habitación? ―preguntó condescendientemente―. ¿Qué estás haciendo realmente aquí? ―Me mantuve firme mientras se acercaba, sus severos ojos perforaban un agujero dentro de mí.

Mierda, mierda, mierda.

―Yo… um… ―Luché por hablar, pero le mantuve la mirada. ¿Cómo hacer para que se calle?
Su cabello recién lavado estaba todo parado, y el desafío en sus ojos le daba un aspecto increíblemente sexy. Estaba en su habitación. Él estaba medio desnudo. Haciéndome preguntas que no puedo responderle. Necesitaba usar las únicas dos cosas que tenía para librarme: el elemento sorpresa y… mi cuerpo.

―Tengo algo para ti, realmente. Considérelo tu regalo también.




Él me observó receloso cuando me incliné para besarlo. El hormigueo comenzó cuando toqué sus suaves labios y se extendió a través de mi mejilla. Me presioné en él, y cuando sentí su boca moverse con la mía, envolví mis brazos alrededor de su cuello. Mis labios se abrieron, y me burlaba de él con mi lengua, enviándome a lamer su labio superior. Cuando agarré con los dientes su labio inferior, también él me tomó en sus brazos.

Por una vez, nosotros íbamos despacio. Las otras veces que nos habíamos besado, habían sido más como un ataque. Pero ahora, cada toque era como leña para el fuego.

Me abrazó, sus fuertes brazos alrededor de mi espalda y nuestros labios consumidos por besos hambrientos. La necesidad de salir de su habitación se me olvidó sin que averiguara por qué realmente estaba aquí. Todo lo que vi y sentí fue a Peter ahora. Olía abrumadoramente bien y anhelaba ver si olía bien por todas partes. Lo atraje hacia mí enterrando mi cabeza en su cuello, besándolo y mordiéndolo.

―Jesús, Lali ―dijo Peter con voz entrecortada.


La fogata en mi vientre se había convertido en una hoguera en mi interior. Mis manos se deslizaban por su espalda, registrando toda su piel llena de cicatrices, y deslicé mi mano dentro de la toalla. Mis dedos se erizaron ante la sensación de su piel suave, y mi estómago dolía hambriento. Le di besos desde su oreja hasta la clavícula, mi lengua se deslizaba afuera cada cierto tiempo para saborearlo.

Él respiró entre dientes y me apretó, mientras frotaba suavemente mis caderas con las suyas.

Más.

Sus brazos aún me rodeaban, pero mis manos corrían por su espalda y por su duro estómago. No podía tener suficiente de él, y ya no me importaba por qué estaba aquí. Lo necesitaba más allá de la razón.

―No voy a parar ―le susurré y luego reclamé su boca de nuevo.

Él me tomó al agacharse y me levantó del suelo. Envolví mis piernas alrededor de su cintura mientras me llevaba a la cama. Nos bajó, y lo halé conmigo.

Debo parar. Solo un minuto más y me detendré.

Levantó mi camiseta hasta encima de mi sujetador y sus dedos rozaban mi piel mientras me observaba.

―Eres tan hermosa. ―La esquina de su boca se convirtió en una pequeña sonrisa. Mi corazón latía más rápido cuando sus labios bajaron a mi estómago.

Dejé escapar un gemido y me arqueé hacia él.

―Peter ―dije con voz ahogada.

Su boca quemó la piel de mi caja torácica hasta el hueso de mi cadera, y sentí un latido en mi centro. Siguió besándome mientras desabrochaba mis jeans. Podía sentir que estaba listo a través de la toalla.

¿Lo estaba yo? Deseaba demasiado a Peter. Solo quería ceder y dejar que sucediera.

Di un grito ahogado por el toque de su boca encima de mi ropa interior. Su lengua se deslizó por mi piel mientras sentí salir mi ropa interior. Apenas lo registré porque su boca estaba por todo mi estómago y mis muslos. El pulso entre mis piernas empezaba a doler y necesitaba aliviarlo.

―Peter ―susurré tratando de controlarme a mí misma.

―No me detengas, Lali. Por favor, nena, no me detengas.

Cerré mis ojos. Había tratado de dar batalla, ¿no es cierto? Estaba bien rendirse ahora. Tiré mi camiseta sobre mi cabeza, y Peter bajó los tirantes de mi sujetador para liberar mis pechos.

Sus labios eran un torrente por todo mi cuerpo. Un rastro húmedo de su boca era como una mecha de un cartucho de dinamita. Y la dinamita estaba entre mis muslos.

―¡Oh! ―Mis ojos se abrieron de golpe, y mi cuerpo se sacudió cuando sentí su lengua correr a lo largo de mi sexo―. ¿Qué estás haciendo? ―Oh, mi Dios. Eso se sentía increíble. Si no estuviera tan avergonzada, lo agarraría por el cabello para mantenerlo ahí.

Inclinó la cabeza hacia un lado, indagando algo en su cabeza.

―Eres virgen ―afirmó en voz baja.

Síp, creo que lo hice bastante evidente ahora.

Pero antes de que pudiera sentirme acomplejada por mi falta de experiencia, besó mis muslos, haciéndome tambalear de nuevo
.
―No tienes ni idea de lo feliz que me hace. ―Y movió su boca de nuevo hacia mi clítoris.

Oh. Mi Dios. Todo se sentía tan bien. Casi no podía soportarlo. Su lengua lamía todo de mí, y chupaba mi clítoris. Cada gramo de energía y deseo de mi cuerpo se agrupó entre mis piernas, y sabía que algo se estaba construyendo dentro de mí. Mis pezones estaban duros y Peter amasaba un pecho cada vez mientras trabajaba entre mis piernas.

―Jesucristo, si pudieras verte como te veo. Jodidamente hermosa. ―Sopló en mi centro.

Hizo girar su lengua alrededor de mí, y sentí la repentina necesidad de contener la respiración. Sentía que al privarme de aire aumentaría mi necesidad. Y tenía razón. Eso me permitió concentrarme en todo lo que me hacía. Las sensaciones golpeaban dentro de mí, y estaba increíblemente mojada.

Peter me penetró con su lengua, y eché mi cabeza hacia atrás, arqueándome más hacia él. Me corrí, conteniendo la respiración mientras olas de éxtasis calentaron mi cuerpo y me hacían llorar por él. Peter continuaba trabajándome hasta que salieron los últimos estremecimientos de mi cuerpo.

―Maldición, Lali. ―Peter avanzó de nuevo para mirarme a los ojos, su excitación empujándome―. Tu belleza no es nada comparada como luces cuando te corres.

―Eso fue... ―No podía pensar. Mi cuerpo nunca había sentido algo tan maravilloso, y quería que él se sintiera igual.

Se acercó hasta que nuestros ojos se encontraron y apretó sus caderas contra las mías. Mis muslos se tensaron y yo estaba agonizando con sus movimientos lentos. Él estaba listo.

Tomó mi mejilla.

―Te he deseado por un largo tiempo.

Me levanté y capturé su boca con la mía. Mi mano bajó hacia abajo entre nuestras piernas y agarré su dureza con mi mano. El tamaño de su lengua y lo que acababa de hacerme no era nada en comparación con su erección. Me asustó un poco y me emocionó.

Solté el broche de mi sujetador, y él lanzó la última pieza de ropa y llevó sus labios hacia mis pezones. Escalofríos corrieron por mi piel y el placer rodó fuera de mis poros, y agarré su cabeza hacia mí, saboreando su boca caliente. Cambió de un pecho a otro, y envolví mis piernas alrededor de él, necesitándolo lo más cerca posible. Quería más.

Peter y yo saltamos al oír que tocaban la puerta de su habitación.

―Peter, ¿ya estás listo? ―preguntó una voz de hombre.

¿Qué? ¿Quién era?

―Voy a matarlo ―gruñó Peter en voz baja―. ¡Ve abajo! ―gritó a la puerta, pero se quedó ahí.
―Vamos tarde hombre. El auto ya está lleno de gasolina. ¡Vámonos!

Y entonces me di cuenta. Por qué no había visto a Peter salir. Uno de sus amigos había tomado el auto para llenarlo de gasolina y Peter se quedó para bañarse.

―¡Dije que esperes abajo, Nico! ―gritó Peter, apretando la toalla alrededor de su cadera mientras se levantaba de la cama.

―¡Está bien! ―Nico debe haber entendido la indirecta, porque oí sus pasos a lo lejos.

Agarré mi camiseta y me tapé, el zumbido del deseo desintegrándose lentamente.

―No, no te vistas ―ordenó Peter―. Voy a ir a deshacerme de él y vamos a terminar esto. ―Se inclinó para besarme y el calor inundó mi cara de nuevo.

―¿Vas a correr esta noche?

―Ya no más. ―Se puso sus jeans por debajo de su toalla.

Me deslicé la parte superior del top por la cabeza y me levanté para ponerme mis bragas y jeans.

―Peter, ve. Está bien. ―Mi trabajo de investigación de esta noche dio un giro inesperado y su “beso de cumpleaños” se volvió algo mucho más de lo que esperaba. Necesitaba reagruparme, a pesar de que me sentía culpable por dejarlo colgado.

Peter no estaba tomando el “no” por respuesta, sin embargo. Me levantó de mis pies de nuevo y me puso en el borde de la cómoda y tomó mi boca con la suya. Su cuerpo metiéndose entre mis piernas, me atrajo hacia él en un lento y profundo beso.

―Las carreras no importan, Lali ―dijo contra mis labios―. No hay otro lugar donde quiera estar que contigo.

Creo que mi corazón dio un vuelco, y se formó un nudo en mi garganta. Me sentía de la misma manera.
Pero necesitaba refrescarme. Las cosas se movieron demasiado rápido, y todavía no confiaba en él.

―Llévame contigo entonces ―sugerí. Me encanta la emoción de las carreras, y podríamos aparecer juntos en público, asegurarnos de patear alguno que otro. El único inconveniente era que no iba a ser capaz de buscar en su habitación si estaba con él, pero no me sentía bien por ello.

―¿Llevarte conmigo? ―Me miró con escepticismo, pero luego se volvió muy serio―. Está bien, ve a ponerte algo más caliente, y voy a irte a buscar cuando estemos listos. ―Se dirigió hacia la puerta, pero se detuvo―. Y después de la carrera, vamos a volver aquí y terminar esto. ―Su promesa me hizo sonreír a pesar de mí misma.

Salté de la cómoda después de que él se fue, decidiendo que sería más fácil para mí volver a subir por el árbol que enfrentar la caminata de la vergüenza enfrente de su amigo, pero me detuve en seco cuando me di cuenta que había algo en el suelo. Me incliné para recoger una fotografía cerca de la cama, y mi corazón se aceleró cuando me di cuenta que debía haberla dejado caer cuando devolví la caja.

¡Mierda!

Mientras le daba un rápido vistazo, la bilis se elevó a mi garganta. La imagen era del torso de un niño o un joven, pero la piel estaba ensangrentada y magullada.

Marcas azules y moretones cubrían el pecho y las costillas, mientas había cortes por todo el área del estómago y cuello.

Oh, Dios mío.


Alguien no solo hirió a este chico. Trataron de matarlo.





miércoles, 3 de junio de 2015

capitulo 28







―Hey, papá ―dije tras aceptar la video llamada en mi laptop―. ¿Qué estás haciendo tan tarde... o temprano? ―Alemania tiene nueve horas más que nosotros.

Acababa de regresar de la carrera y trataba de alejar mis pensamientos de Peter, Agustin y todos los demás. Eran pasadas las seis, y había calentado un sándwich de jamón y queso para la cena.

―Hola, Calabaza, acabo de llegar de un vuelo desde Munich y me dirigía a la cama. Pensé en a asegurarme de que estás bien sin la abuela.

Se veía cansado y desaliñado. Su cabello gris apuntaba a una docena de diferentes direcciones, como si las últimas doce horas hubiera estado pasándose las manos por él; bolsas colgaban debajo de sus ojos azules. 

Su camisa blanca estaba desabrochada en la parte superior con su corbata marrón y azul floja alrededor del cuello.

―¿Munich? No sabía que ibas allí ―dije con la boca llena.

―Sólo una visita espontánea por una reunión. Tomé un taxi de regreso a Berlín. Tengo libre el día de hoy, así que voy a dormir hasta tarde.

La idea de mi padre de dormir hasta tarde eran las siete de la mañana. Si no salía de su habitación para entonces, algo no iba bien.

―Está bien, asegúrate de realmente dormir hasta tarde. Trabajas demasiado. ¿Cómo vas a conseguir una cita luciendo así?

Se rió, pero había tristeza en su sonrisa. Inmediatamente me sentí culpable por hablar de citas. Desde que mi madre murió, mi padre se había mantenido tan ocupado como fuera posible. Trabajaba mucho, y cuando no estaba trabajando, salíamos de viaje. Nunca nos quedábamos en casa en las vacaciones, y rara vez pasábamos tiempo libre en la casa. Siempre íbamos a un evento u otro: los juegos de baloncesto, cenas, viajes de campamento, conciertos. Mi padre nunca quiso tener demasiado tiempo para pensar. Estaba segura de que había habido "novias " casuales en los últimos años en sus viajes, pero nunca consideró en serio a nadie.

―Hola, Sr. Esposito ―gritó Cande mientras salía de mi cuarto de baño y se dejaba caer en el sillón junto a la puerta doble.

Se había aparecido justo cuando llegué a casa, pidiendo detalles sobre Agustin invitándome al baile de bienvenida hoy, pero me salvó la llamada de papá.

―¿Cande? ―preguntó papá, ya que  no podía verla.

―Sí ―dije arrastrando las palabras, tomando otro bocado de mi cena. Todavía tenía puestos mi pantalón corto de licra color negro con una camiseta blanca y una chaqueta azul. El olor que salía de mí sin duda repelería a cualquier tipo. Visitaría a Agustin en este momento y tiraría mis brazos alrededor de él, pero no era tan cruel. La fatiga en los músculos me llenaba de alivio, sin embargo. No podía pensar ni preocuparme por nada en este momento, incluso si quisiera.

―Mariana Esposito. Esa no es una cena. ―La sorpresa en los ojos de mi padre me hizo rodar los míos.

―Es comida. Ahora cállate ―ordené cómicamente. Miré para ver Cande sonreír y sacudir la cabeza.

―Estaré en casa en dos meses y medio. ¿Crees que puede mantenerse con vida hasta entonces? ―dijo papá sarcásticamente.

―La gente puede sobrevivir con sólo agua durante semanas. ―Traté de mantenerme seria, pero me eché a reír cuando sus ojos se abrieron.

Charlamos durante unos minutos más. Le hablé de mis experimentos, pero no mencioné lo preocupada que había estado últimamente. Escuchó mientras le daba un resumen de mi próxima reunión, y me recordó que tuviera todas mis solicitudes para la universidad listas para Acción de Gracias. A pesar de que no podía aceptar la idea de no entrar en Columbia, ambos acordamos que aplicar a otras universidades era inteligente. Sugerí algunos lugares y él sugirió Tulane, la universidad de mi mamá. Estuve de acuerdo para añadirla a la lista.

―Entonces ―se burló Cande tan pronto terminé de hablar con papá―. Agustin, ¿eh?

Sabía que había estado esperando para hablar tan pronto como había llamado a mi puerta. Clavó su mirada en mí mientras me recogía el cabello largo y castaño oscuro en una cola de caballo.

Me bajé de la cama y me quité la chaqueta.

―Oh, no es así, y tú lo sabes. Deberías haber visto cómo me tendió una emboscada en la cafetería. ―Entré en mi cuarto de baño recién redecorado.

La abuela lo había hecho por mí la semana pasada. Las paredes del baño que una vez fueron blancas ahora eran de un confortable gris profundo. Una cortina de baño negro se acentuaba con accesorios a juego en toda la habitación. Imágenes en blanco y negro de árboles desnudos adornaban la pared de enfrente del espejo, y una radio con conexión para iPod estaba en el mostrador del lavabo. Mi aromatizador de ambientes contenía Mi Querido Watson, mi esencia favorita.

Este era mi oasis. Tan tonto como sonaba, el baño debía ser más venerado. Es el único lugar donde se respeta la privacidad absoluta. La mayoría del tiempo.

―¿Dijiste que sí? ―gritó Cande de mi dormitorio.

―Pensé en decirle "tal vez" en realidad. Créeme que no quiero ir a ninguna parte con Agustin. Voy a salir de eso.

Pero tal vez no. Ahora que sabía que su pregunta no fue orquestada por Peter, y que Peter estaba molesto por ello, estaba considerando en tal vez sí ir.

―Podrías simplemente darle una patada en las pelotas. ―Cande se asomó por la esquina del cuarto de baño.

―Tal vez, tal vez no. ―Levanté las cejas, y Cande lo dejó pasar y se acercó a mí en el lavadero.
Tomando una de mis barras de labios de la encimera, comenzó a aplicársela y habló mientras me miraba a través del espejo.

―Podemos ir a comprar los vestidos juntas ―sugirió.

―¿Saldrás con Vico entonces? ―le pregunté.

―Él preguntó, pero no acepté. ―Agitó su mano a mi mirada inquisitiva―. Oh, aceptaré eventualmente. Sólo quiero que sufra un poco.

―¿Estás segura de que no querer estar un tiempo sin él? Quiero decir, te engañó.
Cande era inteligente y, aunque me gustaba Vico, no quería que la lastimara de nuevo. Si la había engañado una vez, podría hacerlo de nuevo.

―No tienes que preocuparte, Lali. No estás diciendo nada que no me haya dicho cientos de veces a mí misma. ―Suspiró y me miró con una expresión pensativa―. Lo amo. Y creo que lo siente. ¿Confío en él? Por supuesto que no. Y él lo sabe. ―Ella volvió a entrar en el dormitorio, y se apoyó en el marco de la puerta del baño.

Así que ella y Peter habían terminado entonces. ¿Hasta dónde habrían llegado?, me pregunté.

―¿Y Peter? ―No pude callarme―. Ustedes dos... ―comencé, sin saber cómo preguntar. Me dio una mirada que me hizo sentir avergonzada de preguntar, pero respondió.

―No fue así. Sirvió para sacar a Vico de mi cabeza, es todo.

―Así que ustedes dos no... ―Miré a mis pisos de madera oscura, sintiéndome muy incómoda.

―¡No! ¿Qué crees que soy? ―Ella estaba en shock. Eso era una buena señal.

Suspiré, mi cuerpo de repente se sintió más relajado, hasta que el siguiente pensamiento se me ocurrió.

―¿Podrías haberlo hecho? ―Tal vez ella y Peter no habían cometido el crimen, pero tal vez era sólo porque había resistido un poco. Si hubiera querido, sería como lo habían hecho en mi libro.

―¿Quieres decir que si le interesa tener sexo conmigo? ―Sonrió, evadiéndome para jugar conmigo―. Taaaaallll veeezzz. ¿Por qué? ¿Te importa?

―No. Por supuesto. ―Miré alrededor de la habitación, cualquier lugar, excepto a ella. ¿Por qué me importaba?

―¿Así que estabas caliente por Benjamin, ahora caliente por Agustin, y secretamente caliente por Peter? ―Me di cuenta por sus labios fruncidos que estaba tratando de contener la risa.

―Te estás burlando de mí. Ya basta ―le advertí juguetonamente y cambié de tema―. Muy bien, iremos de compras este fin de semana. Preferiblemente sábado después de la reunión.

Sonriendo y mirándome por el rabillo del ojo, se acercó a la puerta y agarró la chaqueta de mi cama.

―Hasta luego, señorita caliente.

Tomé mi zapatilla del suelo y se la lancé a la puerta al salir. Ella gritó mientras corría por las escaleras riendo.

                                                                             * * *

―Creo que debes saber... ―una voz femenina insolente se acercó a mí al otro lado de mi casillero. Me volví para ver Martina, cuyo apellido todavía tenía que descubrir, dándome una mirada rápida antes de estrellarse en mi armario cerrando la puerta, mi nariz salvándose por centímetros―… que Peter no está interesado en ti. Mantente alejada. ―Su advertencia llegó con una ceja levantada y los labios como pato.

¿En serio? Ella estaba haciendo esto demasiado fácil.

―Así que, ¿eres naturalmente insegura o simplemente con Peter? ―le pregunté inocentemente, disfrutando de un oponente débil.

―No soy insegura. Sólo protejo lo que es mío. ―Pude ver sus fosas nasales flamear. Metió las manos en los bolsillos traseros de sus pantalones vaqueros, empujándome el pecho copa D más en la cara.

Echándole una mirada, me sentí insegura. Se veía sexy en sus jeans ajustados y camiseta sin mangas de color rojo. Mi aspecto gritaba niña buena, en mis pantalones vaqueros ajustados, pero no demasiado ajustados, y blusa campesina negra. Ella estaba elegantemente adornada con pulseras de plata y sandalias de tacón alto. ¿En serio? ¿Sandalias en octubre? Mis muñecas estaban cubiertas de pulseras de goma.

No las cambiaría por nada, pero podía ver por qué los chicos encontraban a chicas como ella atractiva. Mi piel se quemaba al pensar que se había acostado con Peter. Había estado en su cuerpo, en su interior.
Mi cabeza empezó a doler. Luché contra la tentación de ceder a mi ataque de celos cuando realmente sólo quería arrancarle el cabello.

Tomé mi bolso del suelo y guardé mis libros de física y francés dentro. Opté por pasar el almuerzo en la biblioteca hoy, ya que quería evitar a Agustin y dejar a Cande tener algo de tiempo con Vico.

Cuando no dije nada, ella continuó:

―Cada vez que me doy la vuelta, estás haciendo el ridículo para conseguir su atención.

―¿Es tuyo? ―le pregunté con calma, recordando a Peter y mis dos, casi tres besos―. ¿Lo sabe él?
Su expresión vaciló, pero se recuperó rápidamente.

―Peter es un chico malo. Él es lo que es, y puedo manejar eso. Pero si vienes detrás de él, tendrá que vértelas conmigo.

―Es lo que es, ¿no? ―Por una vez, no sentí nerviosismo. Mi ataque era tan fuerte como el de ella y quería―. ¿Cuál es su color favorito? ¿Cómo se llama su madre? ¿Su comida favorita? ¿Cuándo es su cumpleaños? ¿Por qué odia el olor a lejía? ¿Qué banda podría escuchar todos los días por el resto de su vida?

Martina entrecerró sus ojos en mí. Claramente, no lo sabía. Por otra parte, estaba molesta, porque estaba insinuando que tenía las respuestas que ella no. Y sí que las tenía.

Levanté mi palma antes de que ella replicara.

―Quédate tranquila, linda gatita. No estoy detrás de él. Pero no vuelvas a amenazarme de nuevo, o voy a hacer de veras un gran espectáculo. ¿Entiendes?

―Sin esperar respuesta, di vuelta en mis zapatillas planas rojas y me dirigí hacia la biblioteca.

―Yo sé adónde va los fines de semana ―gritó detrás de mí―. ¿Tú sí?

Me di la vuelta, los pelos de mi cuello picando con interés. Martina parecía satisfecha con mi expresión de asombro y me dio una sonrisa de suficiencia antes de darse la vuelta y alejarse.

Eso era correcto. Se iba la mayoría de los fines de semana. Pero, ¿dónde?

Por lo que sabía, pasaba las noches de viernes en la granja Benson, pero el resto de su fin de semana era un misterio. Normalmente había una fiesta en su casa el viernes o el sábado por la noche, así que no es como si desapareciera el fin de semana. Pero ella tenía razón. No tenía ni idea de dónde estaba durante esos días. En el trabajo supuse.

¡Maldita sea, Martina!

El resto de la jornada escolar fue una sombra en mis clases mientras mi mente se mantuvo ocupaba con ideas sobre el paradero de Peter los fines de semana, sus cicatrices, y ese verano hace tres años.

Su mirada constante sobre mí durante temas fue mi única distracción mientras trataba de formar una lista mental de lo que sabía y lo que no. Y lo que realmente sabía acerca de Peter ya no era tanto.



La idea surgió en mi cabeza, enviando un calor emocionante a través de mi pecho. Era martes, y tenía laboratorio después de la escuela hoy. Pero una tarde de esta semana tenía que hacer un poco de trabajo de reconocimiento. Con suerte, él aún mantendría las ventanas abiertas.

martes, 2 de junio de 2015

capitulo 27











Gracias a Dios, para el tiempo en que la escuela terminó, todo el mundo sabía que la broma de Agustin fue sólo eso… una broma. Al menos el idiota probó ser honorable en corregir el rumor. Todavía no había venido a los términos con el hecho de que dije sí. El baile de bienvenida está todavía a dos semanas, así que con suerte encontraré una manera de salir de esto. Como prueba del último mes, un montón puede suceder en un corto tiempo.

Peter no estaba en clase de Temas, así que en lugar de luchar para no mirarlo, tuve que luchar para evitar a Benjamin mirándome. La vida puede ser una perra. Iba a ir al baile de Bienvenida con la única persona en la escuela que ponía mi piel de gallina, estaba consiguiendo atención de un hermoso, jugador estrella de fútbol que no podría importarme menos, y estaba teniendo sueños húmedos de un potencial sociópata que actúa como que me odia la mayor parte del tiempo.

Ocho meses más.

―Hola, Dr. Porter ―Sonreí cansadamente mientras caminaba dentro del laboratorio después de la escuela. Desde que la habitación no estaba disponible para mañana como organizamos, opté por tomar la oferta de trabajar hoy. El entrenador nos dio la tarde libre, así que todo funcionó.

―Hola, Lali ―El Dr. Porter era un ex-hippie de mediana edad que a menudo dejaba su largo, rojizo cabello flotar libre y gotas de café colgando de su desaliñado bigote y barba. Mis primeras clases con él en segundo año eran irritantes. Seguía queriendo poner una servilleta en su cara.

―¿Cuánto puedo quedarme hoy? ―Dejando caer mi bolsa al suelo debajo de mi mesa usual, miro al Dr. Porter.

―Estaré alrededor de al menos una hora, probablemente más. ―Reunió algunos sobres y papeles, tratando de encontrar una manera de agarrar su taza de café, también―. ¿Necesitas algo?

―Iré por mi caja al armario, y sé dónde está todo lo que necesito.

―Bien. Tengo planeado reunirme con el departamento de ciencias, pero es en otro salón. Siéntete libre de venir y conseguirme si necesitas algo. Lo digo en serio. Salón 136B. ―Se dirigió a la puerta.

―Está bien, gracias. ―Agarrando un pesado delantal de vinil del perchero, lo deslicé sobre mi cabeza y lo até alrededor de mi cintura. El lazo rasguñaba en mi espalda en el pequeño espacio donde mis jeans y mi top fallaron en cubrir mi piel.

Sacando mis suplementos del closet, casi dejé caer la pesada carga cuando entré de nuevo en el salón. Peter estaba sentado en la mesa del profesor.

Diablos.

Él se inclinó hacia atrás en la silla con sus manos detrás de su cabeza y uno de sus pies apoyado en el borde de la mesa. Sus ojos no daban nada, pero su mirada estaba enfocada completamente en mí. Eso solo hizo que el calor se levantara a mi cara y un sudor frío rezumó de mis poros.

Maldito sea. ¿Por qué tenía que mirar así?

La suavidad de sus labios, y su lengua caliente y pesada en mi cuello destellaron a través de mi memoria. Una ansiosa contracción nerviosa empezó entre mis piernas y en verdad quería subir a horcajadas sobre él en esa silla.

Mierda. Era una bomba de nervios andante.

Sacudí mi cabeza y aparté mis ojos mientras cargaba mi caja a mi mesa.

―Ahora no, Peter. Estoy ocupada. ―Honestamente, eso era la verdad. Necesitaba concentrarme, y tanto como parte de mí quería dar rienda suelta a este drama, necesitaba ser dejada sola.

―Lo sé. ―Su suave voz era extrañamente calmante―. Vine a ayudarte.

Dejé de descargar la caja y lo miré con los ojos ampliados.

―¿Ayudarme? ―Mi tono goteó con sarcasmo como si no estaba segura si era una broma de su parte o un intento de sabotaje de mi experimento―. No necesito ayuda.

Dejando caer sus brazos, él metió las manos en el bolsillo de enfrente de su sudadera negra.

―No estaba preguntándote si querías ―respondió, rápidamente y con firmeza.

―No, tú sólo asumiste. ―Continué descargando mis materiales, evitando sus ojos. Ese maldito sueño seguía pasando a través de mi mente. Y estaba asustada de que iría algo lejos si lo miraba.

―No del todo. Sé lo que puedes hacer. ―Había risa en su voz, y no me perdí el doble significado de ese comentario―. Pensé que si vamos a ser amigos, esto podría ser un buen lugar para empezar.

Saliendo de la silla, él caminó hacia mí. Respiré dentro y fuera lentamente.

Sólo toma el vaso de precipitados y el matraz de ponlos abajo lentamente. Lindo y lento.

―Quiero decir, no es como que vamos a ser capaces de volver a subir árboles y tener fiestas de pijamas, ¿cierto? ―preguntó sugestivamente mientras sus dedos rosaban la mesa de laboratorio.

¿Fiestas de pijamas? Mi interior comenzó a pulsar más duro, y sabía que mi cuerpo estaba listo para lo que necesitaba. Lo sentí.

La idea de tener a Peter para una fiesta de pijamas, incluso aunque estaba bromeando, me emocionó. Maldición, me encantaría dejarlo mantenerme despierta toda la noche haciendo cosas que estamos seguros no hicimos cuando niños. Quería sus manos sobre mí, trayéndome cerca, y su boca sobre todo.
Pero quería que le importara también. Y no confiaba en él.

Pestañeando, estreché mis cejas a él
.
―Como dije, no necesito ayuda.

―Como dije, no estaba preguntando. ¿Creíste que Porter iba a dejarte hacer experimentos con fuego sola? ―Se río amargamente y vino para pararse a mi lado.

―¿Cómo sabes de mi experimento? ¿Y quién dijo que vamos a ser amigos? ―pregunté antes de inclinarme para agarrar mi carpeta de mi bolsa―. Sabes, tal vez demasiado daño ha sido hecho. Sé que te disculpaste, pero no es tan fácil para mí.

―¿No te estás poniendo femenina conmigo, cierto? ―se burló.

Cerniendo a través de mi carpeta, saqué las notas y procedimientos que había buscado. Traté de leer el material, pero tener a Peter tan cerca hizo difícil concentrarse.

Girando a mi izquierda, lo arreglé con mi mejor expresión aburrida. No quería que pensara que estaba al menos un poco intrigada por su presencia.

―Peter, aprecio el esfuerzo que estás poniendo aquí, pero es innecesario. Contrario a lo que tu ego está soplando, he estado sobreviviendo bien sin ti por los últimos tres años. Trabajo mejor sola, y no apreciaría tu ayuda hoy o ningún día. No somos amigos.

Su fría fachada titubeó y pestañeó. Sus oscuros ojos buscaron los míos. O tal vez él buscó por algo que decir.

Sintiéndome ligeramente culpable, giré de vuelta a mi carpeta pero terminé golpeándola en el suelo en el proceso. Su contenido no asegurado en los tres anillos, flotó al suelo. Una ola de vergüenza se esparció por todo mi cuerpo mientras mi discurso de chica dura terminó en un torpe desastre.

Peter se lanzó a mi otro lado y se inclinó conmigo para levantar la carpeta y su contenido.

―¿Estás buscando autos? ―Él miró las impresiones que había tomado de internet para estar preparada cuando mi papá llegara a casa.

―Sí ―respondí cortantemente―. Estoy consiguiéndome un regalo de cumpleaños a mí misma.
Él sostuvo la información en su mano, no mirando nada en realidad, pero parecía estar pensando acerca de algo.

―¿Peter? ―Levanté mi mano para conseguir la información de vuelta de él.

―Olvidé que tu cumpleaños estaba viniendo ―dijo casi para sí mismo mientras tomaba los papeles y metía todo en mi carpeta.

Me pregunté si era cierto. Nuestros cumpleaños eran gran cosa cuando éramos amigos, pero en los años recientes él podría haberlo olvidado, supongo. Yo no había olvidado el suyo. Era el 2 de octubre.

¡Ayer!

¿Ugh, debería decir algo? No había hecho nada para el cumpleaños de Peter los pasados años, pero ahora que el tema estaba, no tenía idea de qué hacer.

Que se joda. Él olvidó el mío también.

―¿Tu padre sabe que estás buscando comprar un auto tan pronto? ―Peter interrumpió mis pensamientos.

―¿Tu mamá sabe que das alcohol a menores y duermes alrededor los fines de semana? ―Mi comentario salió más cortante de lo que quería.

―“A mi madre le importa” sería una mejor pregunta. ―Su sarcasmo estaba cubierto por una mirada molesta que vi hirviendo debajo.

Fruncí el ceño mientras pensaba en la vida de Peter. Él creció sin un padre y una madre ausente. No tenía sanos modelos o amor en su vida, eso lo sabía, de todos modos. Al no tener respuesta a eso, guardé silencio mientras él lentamente comenzaba a ayudarme a descargar mi caja.

Vasos de precipitados, frascos, tubos de ensayo y una variedad de líquidos y materiales secos cubrieron la mesa. No necesitaría todas estas cosas, pero las había reunido de todos modos cuando todavía trataba de decidir mi proyecto. Tres retardantes de llamas comprados en diferentes tiendas y algunos ingredientes para hacer en casa desordenaban el mostrador, junto con diferentes telas de algodón. Mi experimento consistiría en probar cómo el algodón reaccionaba a diferentes espray resistentes. Había puesto ya mi propósito en la hipótesis, las constantes y variables, y mis materiales. Hoy, pondría todo junto en mis procedimientos y comenzaría la primera ronda de pruebas.

Por sobre todo eso, mis nervios estaban ahora disparando en ambos extremos.

Hubo un tiempo en que la presencia de Peter me calmaba y me hacía sentir segura. Ahora, su proximidad me tenía híper consciente cada vez que su brazo venía cerca y rozaba el mío o cuando sea que pensaba que sus ojos me miraban. Mi cabeza se sentía nublada, y mis manos apretadas.

Molesta, giré para agarrar mis notas de mi carpeta y golpeé un matraz fuera del mostrador. Calor cubrió mi cara mientras me daba la vuelta para tratar de atrapar el matraz, pero en vez de eso, lo miré partirse todo sobre el suelo. Con mi espalda al mostrador, miré abajo al desastre e inhalé profundamente. En este punto, no me importaba si él pensaba que estaba loca o exagerando. Necesitaba que se fuera.

Peter se movió frente a mí y miró abajo al cristal roto.

―Te pongo nerviosa ―dijo sin mirarme. Su evaluación fue de muerte. Lo sabía, y él también.

―Sólo vete. ―Mi desesperado susurro suplicó mientras me negaba a encontrar su mirada, la cual estaba segura estaba sobre mí ahora.

―Mírame. ―Peter acunó mis mejillas con su mano, sus dedos alcanzando mi cabello―. Lo siento. ―Mis ojos se dispararon hacia arriba ante el sonido de su disculpa repetida―. Nunca debería haberte tratado como lo hice. ―Ojos quemando, busqué su cara por algo de sarcasmo o deshonestidad, pero vino corto. 

Su expresión era toda seria, y su respiración era profunda mientras esperaba mi respuesta.

Peter trajo su otra mano arriba para acunar mi otra mejilla y se movió más cerca. Sus manos se deslizaron alrededor de la parte de atrás de mi cuello, y sus pulgares rozaron mis orejas. Mi aliento se volvió superficial ante su cuerpo presionando contra el mío. Sus ojos estaban ahora concentrados en mis labios mientras su cara se acercaba más. Peter estaba apenas a un centímetro de mis labios, pero todavía podía probarlo.

Él había empezado lentamente, pero gemí en sorpresa cuando bajó en picada y atrapó mis labios con los suyos. Fuegos artificiales empezaron en mi boca y se filtraron a través de la cima de mi cabeza y abajo a mi cuello. Estaba perdida mientras sus brazos se envolvían alrededor de mi cintura y su otra mano se quedaba enterrada en mi cabello. Me agarró más apretado, tirándome sobre mis puntas de los pies. Lo inhalé, oliendo el viento y la lluvia en su piel, y por un breve momento, estaba en casa.

Esto era todo lo que necesitaba. Todo lo que quería… en mí, alrededor de mí, dentro de mí. Mis hormonas estaban fuera de control. Quería desgarrar sus ropas y sentir su pecho desnudo contra el mío. Quería besarlo hasta que estuviera demasiado caliente y delirante con necesidad. ¿A quién estaba engañando? Ya estaba doliendo con deseo. Se agrupaba en mi abdomen y se disparaba hacia abajo a mi sexo como un maldito tornado.

Su lengua chasqueó bajo mi labio superior, enviando estremecimientos bajo mis brazos. Deslicé mis brazos apretadamente en su cuello y me presioné en él. Sus manos frotaron bajo mis costados y agarraron mi trasero. Mi cuerpo amaba cada toque. Me moldeé a él como una pieza de arcilla. Donde él acariciaba, yo me derretía. Donde él empujaba, yo seguía.

Su boca era tan caliente, que no pude evitar preguntarme cuán bueno sería el resto de él, también.

―Te he deseado por tanto tiempo ―susurró, su aliento en mis labios era como una droga arrastrándome―. Todas las veces que te vi al lado… me volvía loco.

Las puntas de mis pies se curvaron con sus palabras. Me deseaba todo el tiempo. Me gustaba saber eso. Me gustaba que me deseara.

Tomó mis labios otra vez en un profundo beso, mi espalda presionada contra la mesa de laboratorio. Mientras mordía mi labio inferior, mi cabeza se tambaleó con lo que estaba pasando. Amaba averiguar que nunca me odió. Que siempre me quiso. ¿Pero qué estaba pasando entre nosotros? ¿Estábamos juntos? ¿O estaba Peter rascándose una comezón?

―No… ―jadeé y me empujé hacia atrás. No quería moverme, y no quería estar en ningún lugar salvo con él. Pero sabía por qué me detuve.

Él no podía ganar. No podía tratarme como mierda y luego tenerme.

Peter estaba respirando duro y mirando a mis hinchados labios como que estaba lejos de terminar. Sus ojos se dirigieron a los míos, y vi la intensa necesidad, como si estuviera entre realmente enojado de que lo detuve o encendido al punto de atarme.

Soltando su agarre y dejándome caer de vuelta a mis pies, su expresión se volvió indiferente mientras se alejaba.

―Entonces no lo haré ―dijo fríamente. Supongo que no esperaba que discutiera a perseguirme más. Peter no era un rogón. Pero me sacó de balance lo rápido que él podía ir de abrazadoramente caliente a amargamente frío.

Lo estudié por unos minutos, preguntándome si alguna vez llegaría a esta indiferencia llena de orgullo suya.

―¿Qué estás haciendo? ―pregunté, estrechando mis ojos a él.

Él dejó salir una seca risa.

―Quiero que seamos amigos ―admitió de algún modo sincero.

―¿Por qué ahora?

―¿Por qué tantas preguntas? ―respondió.

¿Hablaba en serio? Él tenía algo de explicación que hacer.

―¿No creíste que iba a ser tan fácil, cierto?

―Sí, estaba esperando que podríamos movernos hacia adelante sin mirar atrás. ―Su tono molesto encajó perfectamente con el ceño formándose alrededor de sus ojos.

―No podemos ―dije planamente―. Vas de amenazarme un día a besarme al siguiente. No cambio de marcha tan rápido.

―¿Besarte? Tú me besaste de vuelta… ambas veces. Y ahora estás saliendo al baile de la escuela con Agustin. Podría decir que soy el único golpeado aquí. ―Metió las manos en su bolsillo de la sudadera y se inclinó contra el alfeizar de la ventana. Sus ojos estaban retándome, y apenas tenía una respuesta a su comentario. Él tenía razón. Salí con Benjamin, iba a ir al baile con Agustin, y besé a Peter.

―No tengo que explicarme contigo. ―Mi respuesta fue patética.

―No deberías ir.

―Quiero ir ―mentí―. Y él me lo pidió. ―Desestimándolo, volví a mi trabajo.

Peter vino detrás de mí mientras trataba de lucir ocupada clasificando mis papeles.

―¿Él ha estado en tu mente, Lali? ―Su aliento avivó mi cabello. Colocando ambas manos a mis lados, encerrándome, se mofó de mí―. ¿Lo deseas? ¿O soy yo el de tus sueños?

Cerré mis ojos, recordando mi sueño de la otra mañana. La idea de lo que él me hizo, y ahora estaba justo detrás de mí.

―Dije que cuando pongo mis manos en ti, es porque tú lo quieres. ¿Recuerdas?

Giré para mirarlo. Él movió su cabeza para encontrar mis ojos.

―No creo que sea ningún secreto que me gusta cuando me tocas. Cuando estés listo para decirme todo lo que guardas, entonces tal vez confiaré en ti. Hasta entonces…

Sus ojos se estrecharon en los míos y la rabia descendió como una nube negra en su cara mientras retrocedía.

Su espalda se enderezó y sus puños se cerraron. Sabiendo que dijo exactamente lo que necesitaba decir, giré de vuelta a mi trabajo. Mi corazón estaba cediendo a él, y no podía mirarlo más sin el miedo de rendirme. Si él me quería como a una amiga o algo más, entonces tendría que darme más. Tan tentadora como sonaba su oferta de seguir sin mirar atrás, sabía que la historia de Peter lo hizo el hombre que era ahora. Necesitaba conocerlo.

―¿Peter? ―Una voz femenina silbó desde el marco de la puerta―. Estás ahí.

Levanté la mirada para ver a Martina con su falda de animadora hacia abajo para mostrar el hueso de su cadera y estómago plano. Creo que sólo vomité un poco en mi boca.

―¿No vas a llevarme a casa hoy? ―Ella cepilló su largo, oscuro cabello sobre su hombro y mordió su labio inferior. Oh, por favor.

―Voy a llevarte hoy, Martina ―sonó Peter más amargo detrás de mí. Él estaba molesto. ¿Con quién? No estaba segura, pero podía suponerlo.

―Puedo manejarlo ―afirmó ella―. Vamos. No parece como que estés ocupado aquí de todos modos. ―Su mirada cayó en mí, y la rabia calentó mis mejillas.

Peter estuvo callado por unos momentos, y sentí sus ojos en mi espalda mientras continuaba ordenando materiales para hoy. Cada movimiento era lento y metódico mientras luchaba por no dejar caer nada más. Pero fingir que no ponía atención era tan imposible como no poner atención.

―Sí. No estoy ocupado ―finalmente respondió Peter fríamente mientras caminaba pasándome hacia la puerta.

―Entonces, Mariel… ―La chica idiota actuó como si no conociera mi nombre―. No deberías ir y darle un ojo negro a tu cita del Baile de Bienvenida, ¿no crees? Él apenas puede ver. Deberías en serio dejar de golpear a los chicos o la gente empezará a pensar que eres una perra.

Ella estaba tratando de provocarme pero estaba pérdida. No tenía ni idea de qué estaba hablando. ¿Alguien le había dado a Agustin un ojo negro desde que lo vi en el almuerzo?

―Ella no le dio un ojo negro a Agustin. Yo lo hice. ―Peter caminó pasándola y abrió la puerta, ahora no haciendo contacto visual con ninguna.

―¿Por qué? ―La nariz de Martina se arrugó mientras giraba para salir a la puerta que él sostenía abierta. Peter levantó una ceja hacia mí y osciló la puerta cerrada con suficiente fuerza para que las vibraciones viajaran hacia arriba de mis piernas.

Mirando a la puerta cerrada por varios minutos, finalmente me di cuenta de que Peter había golpeado a Agustin por mí.

¿Qué diablos?

Bueno, eso definitivamente no era una broma entre ellos dos, entonces. Agustin estaba interesado en pasar un poco de tiempo conmigo, y eso volvía loco a Peter.

Dejé salir una áspera risa. No estaba interesada en Agustin. Pero si eso molestaba a Peter, podría estar interesada en tener algo de diversión, después de todo.



Deslizando mis auriculares, pasé el resto de la tarde en un humor genial











lunes, 1 de junio de 2015

capitulo 26





Mis músculos se tensaron. De inmediato comencé a explorar el pasillo para ver si alguien se reía, una señal de que todo esto era una broma.

Pero ninguno de los amigos de Agustin estaban alrededor para presenciar la broma, y Peter no estaba a la vista.

Volviendo a Agustin, le clavé la mirada.

―¿De verdad esperas que caiga en eso?

―¿Caer en qué? ¿Mi encanto y mi asombroso cuerpo? Absolutamente.

Su sarcasmo no hizo nada para aliviar mi desconfianza. Puse los ojos en blanco, ya preguntándome por qué demonios me quedaba aquí escuchándolo.

―Suficiente. Voy a almorzar. Dile a Peter que no soy tan estúpida.

Me di la vuelta y me dirigí a la cafetería
.
―Espera. ―Agustin corrió a mi lado―. ¿Crees que esto es una trampa?

Sin hacerle caso, seguí caminando. Por supuesto, se trataba de una trampa. ¿Por qué Agustin querría ir al baile de Bienvenida conmigo? ¿Y por qué pensaría que yo diría que “sí”? Habíamos estado peleando por años.

―Lali, Peter probablemente prendería fuego a mi cabello si supiera que estoy hablando contigo, y mucho menos que te invitara a salir. Estoy hablando en serio. Nada de bromas. Ni trampas. Realmente quiero llevarte al baile.

Seguí caminando en dirección a la cafetería con la esperanza de que captara la indirecta. Empecé a sentir que me ahogaba. Tenía que alejarse de mí.

―Lali, por favor para. ―Agustin me tocó el brazo.

Me di la vuelta para mirarlo, enardecida de cólera.

―Incluso si estás hablando en serio, ¿realmente crees que confiaría en ti? Me has toqueteado, y he roto tu nariz. ¿Me estás invitando a salir? ¿En serio?

Esto era el giro de los acontecimientos más tonto que nunca había previsto, y lo que es más. Era una pérdida de tiempo.

―Me doy cuenta de que tenemos una historia interesante ―comenzó Agustin, levantando las manos―, y quiero asegurarte que no estoy invitándote a salir de una manera romántica. Peter tendría mis bolas si así lo fuera. He sido un idiota, y quiero hacer las paces. Si aún no tienes una cita, me encantaría llevarte y mostrarte que puedo ser un buen tipo.

Aww, qué bonito discurso.

―No ―contesté.

Su encanto no funcionaba conmigo de la forma en que funcionaba en otras, pero la mirada de asombro en su rostro me dio una pequeña pausa. Una parte de mí quería reír, porque realmente parecía decepcionado. Y una parte de mí estaba preocupada, porque realmente parecía decepcionado.

No le debía nada a Agustin, me dije.

Después de todo, no debería siquiera estar hablando con él. Pero, de nuevo, después de escuchar su charla con Peter la semana pasada en el pasillo, parecía que él nunca estuvo completamente de acuerdo a la hora de tratar de hacerme daño. Tal vez realmente quería hacer las paces.

No importa. No va a suceder.

Girando, me dirigí a la cafetería de nuevo cuando en realidad sólo quería salir corriendo por la puerta principal. Apenas era la mañana del lunes, y ya estaba trepando las paredes para salir de aquí.
Era cierto que quería ir al baile, y todavía no tenía una cita. E ir con Agustin pondría celoso a Peter. Tal vez quería verlo retorciéndose por mí.

Saqué esos pensamientos de mi mente. No vayas allí, Lali.

                                                                                      * * *

―¿Estás pensando en probar para una beca deportiva? ―me preguntó Rocio mientras tirábamos los restos de nuestros almuerzos.

―En realidad no. Me gusta correr, pero no estoy segura de si quiero tener ese tipo de compromiso cuando esté en la universidad ―le contesté.

Cande y Vico se había unido a nosotros para el almuerzo, pero habían desaparecido hacía un rato, probablemente debajo de las gradas cerca del campo de fútbol para hablar. Ella parecía feliz, y Vico había sido aún más dulce de lo habitual. Pasaría un largo tiempo antes de que pudiera mirarlo sin pensar en su traición, pero me alegraba de que estuvieran juntos de nuevo.

Después de que ellos se fueron, apenas comí algo de mi burrito de pollo. Agustin seguía sonriéndome desde el otro lado de la cafetería.

Benjamin continuó enviándome mensajes de texto, también. Él quería hablar antes de que el almuerzo hubiera terminado, pero gracias a mis amigos, tenía una excusa para no estar a solas con él. Él había sido estúpido, y si bien yo había sido agraviada, sabía que tendría que hablar con él en algún momento. Incluso si era sólo para decir “seamos amigos”.

―Bueno, estuviste increíble el sábado. ―Rocio terminó su jugo antes de arrojar la botella―. Oh, y el viernes, también. No vi la carrera, pero la escuela ha estado zumbando sobre ello. Hiciste que la gente ganara un montón de dinero. Derek Roman estaba realmente enojado, me han dicho.

―Estoy segura de que lo estaba. ―Recogí mi largo cabello hacia arriba en una cola de caballo y sentí un destello de calor perforándome la parte de atrás de mi cuello.

Era una locura cómo mi percepción de Peter funcionaba, pero estaba bastante segura de que estaba aquí en alguna parte.

Había estado ausente sin permiso durante toda la mañana, no había rastros de su auto o de él. Mantuve mi atención en Rocio, a pesar de que la necesidad de darme la vuelta, vibraba por todo mi cuerpo. Después de los dos besos y el sueño, por no hablar de su disculpa, había pensado mucho en él este fin de semana.

Antes de que pudiera ceder y buscarlo, me dirigí a la puerta con Rocio. Un momento después, me detuve cuando escuché que alguien gritaba mi nombre.

―¡Mariana Esposito !

Salté, inmediatamente avergonzada de que la persona gritando, me había hecho el centro de atención de todo el comedor.

―¿Por favor, irías al baile de Bienvenida conmigo? ―preguntó la voz del idiota detrás de mí.

Cerré los ojos. Voy. A. Matarlo.

Me di la vuelta lentamente para ver que Agustin estaba arrodillado a unos pocos metros de distancia. Él me miraba con sus grandes ojos azules como de cachorro, y me di cuenta que el comedor se había quedado muy callado, mientras otras personas callaban a otros y nos miraban con los ojos abiertos y sin aliento.

―Tienes que estar bromeando ―murmuré y le ofrecí una sonrisa de disculpa a Rocio. Caminando de rodillas con pasos cortos divertidos, llegó a nivelarse con mis zapatos e inclinó la cabeza hacia atrás para mirarme hacia arriba. Tomó mi mano entre las suyas.

Las chicas se reían, y todo el mundo nos miraba. Sólo Agustin podría librarse con una exhibición llamativa y aún ser considerado viril.

―¡Por favor, por favor! No digas que no. Te necesito. ―Su tono dramático causó un alboroto de risas y cantos animándole más.

Mi corazón latía con fuerza. En cualquier momento perdería los estribos con él, y probablemente no tendría la suerte de zafar de la oficina del decano por segunda vez.

―Levántate ―espeté, tirando de mi mano. Mi cabeza daba vueltas con ideas de cómo iba a lastimar a este chico. Ellos nunca encontrarían el cuerpo.

―Por favor, vamos a hacer que funcione. Lo siento por todo. ―Él estaba hablando deliberadamente por encima de las risas para que todo el mundo supiera nuestro negocio.

―Dije que no.

―¡Pero el bebé necesita un padre! ―imploró.

Mi corazón se hundió con sus palabras. Oh, Dios mío. No, no, no...

Gritos y alaridos hicieron erupción de todos los rincones de la habitación, y el calor se levantó por mi cuello y mi cara. Sentí como si estuviera teniendo una experiencia fuera del cuerpo. Esto no puede estar pasando. ¿Es así como estaba haciendo las paces? ¿Avergonzándome más?

Agarró mis caderas y apretó su cara contra mi estómago.

―Te prometo que voy a amar a nuestro hijo ―susurró para que sólo yo pudiera oírlo―. Puedo decirlo más alto, si quieres.

―Está bien, iré. Por ahora ―dije con los dientes apretados―. Pero si me tiras más mierda, te romperé el brazo.


Él se levantó, envolvió sus brazos a mi alrededor y me levantó del suelo con un abrazo. Girándome alrededor, todo el mundo aplaudió y silbó, y yo sentí ganas de vomitar. Una vez que estuve de nuevo de pie, le di una palmada en el brazo y salí de la cafetería, sabiendo que no quería ver la expresión en las caras de Rocio o Peter.